El estigma profesional de un padre corresponsable

Soy una firme defensora de la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer como la base de una sociedad avanzada y justa. Para ello, en muchas ocasiones se habla de la necesidad de la paternidad corresponsable, pero siguen existiendo a día de hoy muchos lastres culturales y sociales que lo impiden.

Estos lastres parten desde el propio lenguaje que por ejemplo utilizamos la mujeres para decir frases como “Mi marido me ayuda mucho con los niños o con la casa…” en vez de “Mi marido colabora porque es corresponsable”.

Pero, existe una lacra de la que poco se habla y que es cada vez más común y afecta a aquellos que piden la baja de paternidad y que trabajan por conciliar con su vida profesional. A estos hombres en muchas ocasiones se les estigmatiza y penaliza en las estructuras ya que “como no han estado embarazados ni han tenido el parto no tienen que dejar de ir a su trabajo”. Uno de esos casos es el de este padre un gran profesional que ha visto como teniendo un cargo directivo la paternidad ha hecho que se le penalice profesionalmente llegando a verse afectada su propia estima.

 

Difícilmente podría haber escrito lo que voy a escribir a continuación si antes no hubiese acudido a las sesiones de Coaching del Gabinete Sophya.

            Para muchos, mi vida podría ser objeto de envidia, soy socio de un importante despacho de abogados de un sector muy específico teniendo a mi cargo a más de 25 abogados, y tengo una mujer maravillosa y unas hijas estupendas.

Sin embargo, lo que debería ser una vida feliz, no lo era por los muchos complejos y dudas internas que tenía y,  que a la postre han sido la fuente de mis problemas.

Dentro de mis complejos, la inseguridad ha sido y es mi talón de Aquiles, afectando tanto a mi esfera profesional como personal, lo que me producía un efecto “bicho-bola” no haciendo frente de manera directa a los mismos y esperando a que pasase la tempestad, con la correspondiente olla a presión interna.

Mi inseguridad, me ha producido a lo largo de los años un complejo de inferioridad y miedo que ha sido uno de los hándicaps más importantes a los que me he tenido que enfrentar y  ha tenido efectos muy negativos en todas mis esferas.

Pues bien, como suele pasar, llega un momento en el que uno no puede o no saber dirigir esos complejos y la famosa “olla” acaba explotando, con las consiguientes repercusiones en las distintas esferas de la vida.

Justo en ese momento, acepté la recomendación de Sara Pérez Tomé y me embarqué en un proceso de coaching dirigido por la coach Sara Molina.

            Cuando escuché la palabra coach y proceso de coaching, no puedo por más que reconocer que me asaltaron las dudas sobre su fiabilidad y, personalmente en mi caso, de si iba o no a servir para algo.

            Pues bien, lo que empezó con cierto escepticismo se convirtió en un convencimiento pleno del acierto  al embarcarme en dicho proceso.

            Así, poco a poco, he aprendido a conocerme a mí  mismo, lo que ha sido la piedra angular para poder aprender a instaurar medidas para reducir mis defectos y potenciar mis virtudes.

 No conseguía conocer la causa de mis miedos y complejos, lo que me imposibilitaba, la superación de las distintas situaciones derivadas de esta falta de confianza en mí mismo y los complejos  pre-existentes.

Una vez conocidas las causas, he ido aprendiendo a fijar estrategias para afrontar las distintas situaciones en las que me puedo enfrentar cuando aflore esa inseguridad y esos complejos.

El estar aprendiendo a conocerme a mí mismo,  tanto respecto en mi forma de aprendizaje como en mis puntos fuertes y débiles, ahora me permite hacer análisis pausados y objetivos de las situaciones, y lo que es más importante, he aprendido a saber cómo conocerlos y superarlos.

En mi vida diaria  he conseguido controlar y superar una situación grave que, antes jamás hubiese podido saber manejarla y ahora soy capaz de plantearme planes, alcanzar objetivos y controlar tiempos para superar cada adversidad.

De esta experiencia lo que me llevo es el éxito de haber emprendido el curso de coaching, pero en lo que realmente más me ha ayudado es en mi relación con los demás, y muy en especial con mi mujer, por su puesto conmigo mismo, lo que me está ayudando a disfrutar de las cosas verdaderamente importantes de la vida.

Cambiar tu expresión de una persona amargada y triste, a una persona vital y positiva, es algo que nunca podría pensar que un proceso de coaching iba a conseguir en mi.

Muchas gracias a Sara por sus métodos y por su empatía en conseguir sacarme de mi cueva, la verdad es que ha superado con creces mis expectativas iniciales.

Creo que en este testimonio debo acabar dándole las gracias a mi mujer por empujarme a hacer un proceso de Coaching con Sophya porque me ha ayudado a sacar lo mejor de mí.

 

Me hizo mucha ilusión, cuando me escribiste tu testimonio sobre el proceso  Coaching que  hemos vivido juntos.

Muchas gracias por permitirme hacerlo público para que pueda inspirar y servir de pequeño ejemplo para  todos aquellos que se sientan en una situación similar.

Tu humildad y sinceridad hace mas valioso tu testimonio de crecimiento personal y profesional.

Ojalá muchas personas sigan tu ejemplo trabajando por una corresponsabilidad  y paternidad auténtica.

Gracias de corazón

Sara Molina

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