Tú y yo ya no somos pareja. ¿Cuál es el ex que queremos ser?

Tú y yo ya no somos pareja. ¿Cuál es el ex que queremos ser?

Cualquier separación o divorcio es una crisis vital  profundísima que se experimenta como una pérdida en toda la unidad familiar, y no como un camino de tránsito.
No es posible pasar de la negación de una familia a la aceptación de otro modelo de manera automática y que se convierte en dos familias monoparentales.

Cuando una relación llega a su límite de convivencia normalizada, y la coexistencia es vivir como “el perro y el gato”, pierde el que se agota antes o gana el que se retira antes de agotarse.   Separarse con hijos es cambiar un pack de problemas por otro pack de problemas, y con el tiempo puedes acostumbrarte a que sean más llevaderos los problemas.

Ex pareja y progenitor es una misma persona, difícil de separar

Incluso en el caso de una ruptura de común acuerdo, normalmente se pasa por una profunda y estresante fase de negación en la que uno de los dos —o los dos— se quedan congelados como progenitores y globalizan todos sus sentimientos como pareja, aunque haya cosas pendientes e importantes de los hijos.

Hay todo tipo de películas y libros que estudian detalladamente el fenómeno que ocurre tras una ruptura entre “yo y mi  ex pareja”.

 

¿Dónde está mi identidad si se ha roto mi pareja?

La dependencia que se experimenta al ser la ex pareja de alguien es mutua. Cuando se rompe la pareja, esa dependencia cuesta soltarla sin perder a la vez la propia identidad por lo menos de manera temporal.

Se comienza con una fase de negación de lo ocurrido, queriendo volver a nacer para nunca más repetir lo vivido o  incluso fantaseando con la vuelta del otro por el bien de los hijos. El círculo social y familiar  se reduce al que manteníais los dos antes, como pareja y como familia. Solo te queda tu círculo laboral en el caso de que estés trabajando fuera de casa.

La sentencia judicial no es más que la puesta en escena de una muerte anunciada hace al menos 18 meses. Sin embargo, esta puesta en escena no se acaba con el ensayo general y el día del pre-estreno y del estreno de la ruptura.

Son las sucesivas puestas en escena, los momentos en los que va a comparecer la verdad del convenio regulador y de la sentencia.

Lo normal es que al menos al principio se den situaciones tensas e incómodas delante de los hijos y que la solución pueda tener que pasar en ver a los hijos sin verse entre sí

 

En ocasiones, esta forma de plantear la separación puede ser la mejor solución cuando hay una alta conflictividad entre los progenitores. En estos casos,  el mejor trato será “no tener trato” más que por escrito o entre abogados.

 

Esta actitud puede ser comprensible pero con el paso del tiempo debe ser revisable.

Lo ideal sería poner la sentencia y la inteligencia de los progenitores al servicio del bienestar de los hijos, donde entonces no caben las extorsiones, los “ninguneos”, ni faltas menores, sino todo lo contrario.

El hecho de que ya no seáis pareja, no hace imposible que quieras y desees que todos tus hijos estén bien con tu ex cuando esté con ellos. También quieres que tus hijos estén bien cuando estén contigo. Revalidar  con tu ex por el bienestar de los hijos es posible que creas que ganas batallas pero vas a perder la guerra de la felicidad de tus hijos.

La separación trae consigo una nueva forma de ser padres pues ahora somos padres y ex-parejas.

 

¿Qué tipo de padre/madre te gustaría ser durante esta nueva etapa de tu vida?

Si te consideras la víctima, habrás convertido al otro en verdugo. Si  consideras que eres el que tiene la razón, harás justicia como un verdugo y crearás una víctima condenada por ti, no por el juez.

En esta rotación sobre uno mismo se producen diversos movimientos muy peligrosos que no facilitan la buena comunicación entre ambos y con los hijos que tienen en común:

      • No se deben impedir deliberadamente los tiempos y espacios de comunicación entre cada uno de los padres y cada uno de sus hijos.
      • No se deben  boicotear los tiempos del otro con actividades extraescolares o familiares de tu ex, que hagan dudar a los hijos si quieren ir o no ir con el madre/madre. Con cumpleaños o actividades muy lúdicas que anulan al otro progenitor porque no puede mantener el mismo ritmo de gastos en eventos.
      • No hacer comentarios sobre tu ex que puedan poner en duda la confianza de tus hijos por el progenitor. Generando sospechas infundadas en los hijos en cuanto a la imagen y  los compromisos del otro padre/madre con frases como: “No te preocupes que no te va a pasar nada, estoy aquí esperándote hasta que vuelvas”.
      • Hacer chantaje emocional y afectivo cuando el hijo se va con tu ex, y simular un malestar, enfermedad o necesidad que provoque en el hijo sentimientos de culpabilidad por irse con su otra madre/padre.
      • Evitar en lo posible que los hijos puedan despedirse de tu ex cuando se van contigo.
      • No hablarle a tu hijo de los padres de tu ex, sus abuelos ni de sus primos e intentar en lo posible que solo coincidan con los abuelos y primos de tu familia de origen.

A corto plazo, el resultado en vuestros hijos será por un posible fracaso escolar y una inadecuada relación del hijo con cada uno de sus padres.

El hijo empieza teniendo según ley dos domicilios o un hogar nido y dos progenitores y el desgaste de este tipo de maniobras hace que el hijo acabe perdiendo por tiempo indefinido el contacto y el domicilio con uno de ellos para quedarse solo con un progenitor a su cargo.

 

Se necesita llegar a un pacto de co-parentalidad  con o sin ayuda externa para una  supervivencia familiar sana.

¿Cómo conseguirlo?

  1. Desdramatizando los conflictos tanto para llegar mejor a acuerdos objetivos, razonados y razonables, como para negociar cualquier tipo de interferencia externa al hogar familiar.
SIN NEGATIVIDAD SE PUEDE LLEGAR A ACUERDOS PARA AYUDAR A NUESTROS HIJOS,  SIN DESAYUDARNOS  NOSOTROS COMO PADRES.

2. Relativizar las posturas encontradas para simplificar los conflictos desde el  presente y sin anclarse en el pasado común, con el objetivo de dar a los hijos un futuro diferente y mejor como padres.

PARA AMINORAR LAS TENSIONES SE PUEDEN BUSCAR PERSONAS CERCANAS QUE PUEDAN AYUDAR A GENERAR UN CLIMA MÁS POSITIVO PARA NUESTROS HIJOS Y PARA NOSOTROS COMO PADRES.

3. Aceptar, cuanto antes, los cambios producidos tras la ruptura en la dinámica familiar sin extorsionar los acuerdos.

ENCONTRAR UN ESPACIO DE COMUNICACIÓN MÁS FLEXIBLE Y SEGURO QUE FACILITE TODOS LOS CAMBIOS NECESARIOS SIN LESIONAR LA AUTOESTIMA DE LOS HIJOS NI DE NINGUNO DE LOS PROGENITORES.

4. La vida se puede complicar a lo largo del tiempo con situaciones que exigen cambios directos o indirectos en el cuidado de vuestros hijos.

ANTES QUE PERDER EL NIVEL DE EDUCACIÓN Y TOLERANCIA NECESARIO, HAY QUE BUSCAR SOLUCIONES ALTERNATIVAS A LAS SITUACIONES SOBREVENIDAS, DONDE AMBOS PROGENITORES SE IMPLIQUEN EN LA MEJOR SOLUCIÓN PARA SUS HIJOS ANTES QUE PARA ELLOS MISMOS.

5. No existe ruptura matrimonial perfecta, ni aunque sea de común acuerdo., la vida compartida en dos hogares con sus imprevistos y previstos desgasta y fatiga a todos.

LA FATIGA CRÓNICA PARENTAL, ES MUY HUMANA Y AMBOS PROGENITORES POR EL BIEN DE SUS HIJOS, DEBEN MANIFESTAR SU ESTADO Y SITUACIÓN  Y PEDIR AYUDA PARA RECUPERAR EL CONTROL Y LA PERCEPCION DEL TIEMPO PRESENTE LO MÁS POSITIVA POSIBLE

Cuando el sistema familiar se rompe y con él también se rompe la pareja, habiendo hijos menores, ambos —familia y pareja— no se rompen, no desaparecen, sino que se transforman en otro modelo de vida; uno rehabilitado en función de los hijos comunes y las circunstancias hasta llegar a la ruptura.

 

Por vosotros y por vuestros hijos, lo mejor es que, después de la ruptura, elijáis la mejor versión de vosotros mismos. Así seréis el mejor progenitor y ex que se merecen tus hijos.

 

En el fondo, con vuestra ruptura, habéis entrado en un segundo nivel de compromiso para con vuestros hijos: habéis hipotecado las discusiones delante de los hijos. Si queréis seguir siendo buenos progenitores, ya no podéis discutir nunca más delante de ellos, ni por ellos. Ni por nada.

Tras la ruptura tenéis lo que queríais o necesitábais y con eso debe bastaros. Lo demás es no cumplir con vuestra palabra cuando les dijisteis:

“No os preocupéis por nada. En cuanto nos separemos, nunca más estaremos mal entre nosotros, por vosotros”.

Mentís a vuestros hijos si no cumplís vuestra palabra y seguís discutiendo entre vosotros y por ellos indefinidamente.

 

 

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