Convivir EN PAREJA, “con o sin Papeles”

¿Cómo son los nuevos matrimonios que duran más y mejor?

“Mientras el número de bodas cae y la cohabitación se extiende, el matrimonio se está convirtiendo en una decisión que exige una consciencia más libre, responsable y selectiva de lo que eran los matrimonios de antes”.

Desde hace tres décadas, en Estados Unidos, uno de cada dos matrimonios acaba en divorcio. Actualmente el Instituto Nacional del Censo en EE.UU nos dice que el matrimonio se está reconquistando como un modelo de vida social más estable y que se le identifica como una decisión mucho más allá de un acto social y transitorio en la vida de personas enamoradas.

“Según últimos datos, a pesar de que se casan menos parejas, las que se casan duran más en comparación con lo que ocurría en los años ochenta y noventa”.

Hoy nos vamos a centrar en hablar de la cohabitación como manera de vivir en pareja y de su uso, tan extendido actualmente.

  • La cohabitación o unión libre es el tipo de relación que establece una pareja cuando, sin estar casada por la Iglesia o por lo civil, sin tener intención definitiva de casarse, comparten el mismo domicilio y hogar.
  • Otra versión de esta convivencia sin papeles es la llamada unión libre “de hecho” que es aquella en la cual una pareja vive como matrimonio estable sin más plazos que “la vida misma”

La cohabitación se contempla como una forma de amarse bajo un mismo techo y está basada en la unión de dos cuerpos que se buscan porque se atraen, que copulan por amor, y que, en la fuerza del subconsciente, en su unión libre y sin papeles, sienten la necesidad de auto-protegerse y de minimizar los posibles riesgos de fracasar juntos, los efectos de sus miedos individuales por algún aspecto de su vida pasada, presente o futura…, como si estuvieran casados pero sin estarlo.

En estas uniones la pareja puede llegar a tener hijos o puede incluso asumir juntos hijos de otras uniones anteriores. Esto último no es lo más habitual ya que este tipo de uniones no dan tiempo ni lugar al nacimiento de hijos o al acoplamiento de otros hijos dentro de ella, por su corta duración.

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La alta siniestralidad de estas uniones hace que sea raro que, en este tipo de vida, “sin papeles ni obligaciones legales en común”, lleguen a envejecer juntos. Por esto, según la edad de la pareja que cohabita, ambos terminan por elegir envejecer y morir en solitario .

Hay personas que pueden valorar esta forma de convivencia como su máxima y mejor expresión de amar al otro, donde su fidelidad está basada en compartir una vida mientras no se pierda “nuestro amor o el buen rollito”, y con esta premisa conviven o dejan de convivir.

En realidad, compartir espacio y tiempo viviendo juntos sin ningún tipo de registro, condiciona también el presente y el futuro de una pareja. La diferencia es que cada uno conserva para sí la posibilidad de tirar la llave de su convivencia al rio…

La diferencia entre la cohabitación, la unión libre de hecho y el matrimonio está en que, en la primera y la segunda, no existe un compromiso institucional civil o religioso (es una unión a prueba), mientras que en el matrimonio sí hay intención de permanecer viviendo así.

Hay una diferencia básica entre, por un lado, 2 personas que se aman y cohabitan con un compromiso personal y voluntario y, por otro lado, 2 personas que se aman y cohabitan también con un compromiso personal pero sin que esté basado en sus voluntades a través de un vínculo civil o religioso. Mientras que estos últimos serían 2 amantes o compañeros de piso, condicionados al tiempo, el espacio y a las circunstancias de manera individual, los primeros son algo más: 2 contrayentes con relaciones conyugales incondicionales.

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“Las uniones libres de papeles son como dos cuerpos y dos almas cómplices entre sí, pero a la intemperie y a la merced de las inclemencias del tiempo”

“Las parejas casadas son dos cuerpos unidos a sus dos almas al abrigo de su vínculo”

Con todo, ambas uniones reclaman complicidad, cercanía y respeto mutuo. Esto es así porque en ambas formas de vivir en pareja se manifiestan necesidades afectivas como la necesidad de compartir amor, bienes y servicios.

Aunque todos sabemos que también existen parejas casadas o unidas que basan su convivencia en “un pacto de convivencia”, el matrimonio es una unión que minimiza el altísimo riesgo de caer en una convivencia por pura relación transaccional. Así se evita que se metalice el auténtico sentido del amor, siempre gratuito.

Otra de las diferencias importantes que existen entre cohabitación, unión libre o matrimonio es que en las dos primeras puede no estar presente el concepto de familia desde el principio o incluso se puede estar en contra de dicho concepto. En cambio, en las uniones matrimoniales el concepto de familia es casi consustancial a la palabra matrimonio, con independencia de los hijos o no hijos que terminen naciendo en esta unión.

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“Un matrimonio es en sí mismo una familia desde el mismo momento en el que finaliza su ceremonia matrimonial y comienzan su nueva vida de casados”

El vínculo civil o religioso lleva a las parejas a sentirse familia y es sobre este vínculo donde continúa madurando el amor entre los dos. Su vínculo va más allá de la suma de dos personas que cohabitan.

Los conceptos matrimonio y familia han sufrido un gran debilitamiento jurídico y social, a pesar de que se trata de conceptos que en sí mismos y en cualquier cultura o código civil dan lugar a una estabilidad personal y social.

En un vínculo matrimonial:

“La suma de las partes es mucho más que las partes individuales. Y cada una de las partes es también mucho más que la suma de las dos partes.”

Estas dos afirmaciones retroalimentan el sentido del vínculo matrimonial y las diferentes formas de vivir en pareja. La convivencia de las partes va a depender en gran medida de la formación, experiencias previas y expectativas futuras que pueden tener cada una de las personas enamoradas y que conviven en pareja. En consecuencia, el hecho de casarse o no casarse a la hora de decidir vivir juntos nos lleva a la siguiente conclusión:

“No todo el mundo está preparado para casarse, sentirse familia o tener familia”

De hecho, las personas con un perfil narcisista o egoísta o las personas con una mala experiencia anterior o una ruptura matrimonial compleja y difícil de sus propios padres, pueden no estar listas ni para cohabitar ni tampoco para compartir un proyecto común de convivencia sobre una estructura de compromiso tanto horizontal (pareja) como vertical (hijos).

La cohabitación, elegida como una forma de convivencia libre, se caracteriza por su inestabilidad y por la falta de compromiso de la pareja entre sí, ante la sociedad y frente a los hijos que puedan llegar a tener.

Cuando uno toma la decisión de unirse para cohabitar sin más vinculación, uno está comprometiendo su supervivencia en común con otro, sin hacer lo mismo con el amor. El amor les tiene a ambos debilitados, como a cualquier pareja de enamorados. Sin embargo, en su caso, la subjetividad de las emociones es meramente individual, no es común. Al no haber un vínculo explícito o implícito entre ambos, cualquier de ellos puede sentir la sensación de que está hipotecando su presente y su futuro… Desean tener una relación de eternidad sin más vínculo que su voluntad, sin más garantías de ser amado para siempre.

En cuanto a los posibles beneficios de estar casados, uno de ellos es que ambos se entregan corporalmente por amor en un mismo espacio vital, con una total entrega de su biografía y su intimidad, con una emotividad complementaria y un futuro que se presupone más estable ya que ambos creen en la indisolubilidad de su unión. De este modo, gracias a este punto de partida común, son capaces de conciliar mejor sus decisiones pues lo hacen a la luz de un compromiso matrimonial mutuo.

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Las uniones libres son una forma de “probar la convivencia en común” y, como es lógico, también son muchas menos las parejas que, después de convivir, se casan. Por el contrario, son muchas las parejas que deciden casarse sin haber convivido antes. Esto sucede así porque algunas parejas a prueba no han superado el ensayo sentimental al que se prestaron libremente.

El pacto del que gozan las uniones libres de papeles se caracteriza sobre todo porque lleva incorporado de un modo esencial el poder dejarlo en cuanto no funcione para uno de los dos o los dos, ya sea por causas endógenas dentro de la pareja (depresión, embarazo) o por causas exógenas (alcohol, falta de trabajo, falta de salud…).

Es verdad que las parejas que se han casado no están libres de ninguna de estas circunstancias, pero en estos casos la fuerza de su vínculo hace que, ante las diferencias, tiendan a unirse más que las que no están casadas. En su caso, los problemas les pueden llevar a culpabilizar al otro y a sentir que la otra persona no es válida para casarse por sus propios problemas o por los problemas que generan juntos.

Que “te dejen” después de una unión libre hace que te puedas sentir igual que cuando “te divorcian”. La diferencia no es emocional, sino burocrática ya que no tienes que firmar papeles; solo tienen que cambiar de domicilio, repartirse las cosas, despedirse de las familias de origen o amigos comunes y poco más.

En estas circunstancias ambos o, al menos uno de los dos, vivirán un desgarro afectivo importante y una necesidad imperiosa de comenzar una nueva vida y desapegarse de lo vivido hasta ese momento.

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Igual que en la unión matrimonial, el tiempo que dura la cohabitación es directamente proporcional al daño que les produce a ambos la ruptura. El hecho de haber convivido sin haberse casado y sin papeles no suele minimizar los daños emocionales de la ruptura.

Cuando una pareja decide pasar a vivir en común, lo hace no solo porque se atraen y se aman, sino porque también es su opción más económica. De ahí que al romper se produzca también, como entre los casados, un importante empobrecimiento económico y afectivo.

En definitiva, la cohabitación tendrá ventajas para los que no desean, no quieren o no pueden tener un vínculo más estrecho y/o comprometido, pero, a la hora de dejar de convivir juntos, la situación que se genera tiene los mismos daños afectivos y emocionales que se producen que en la ruptura de un vínculo incondicional y atemporal.

“Los enamorados sin papeles aman sin límite en su unión, pero también sufren sin límite en su rupturas”,

Humanamente no hay más ventajas en la unión libre que en la unión matrimonial, porque tanto el daño económico como la aceptación del fracaso es casi el mismo.

La única diferencia de origen en cuanto a cómo vivir juntos reside en creer o no creer en el valor de un vínculo lo cual lleva implícito el creer o no en el amor para siempre y en su indisolubilidad.

Cuando, desde el “no compromiso”, el corazón deja de latir por el amor al otro, se produce un infarto igual de doloroso que el de los que tienen un amor incondicional y comprometido tanto civil como religioso.

Todos tenemos papeles para pagar un alquiler, comprar un coche, alquilar una casa, reservar un billete de avión, comprar una medicina con receta, ir a recoger un abrigo a la tintorería… Sin duda, los papeles son parte de nuestra vida y constituyen una forma segura de vivir.

De un modo parecido, los papeles que tenemos por amor te dan seguridad y fuerzas sentimentales suficientes como para renovar día a día el propio querer hacia aquel a quien elegiste y sin menoscabo de tu libertad.

“¿Por qué allí, en las uniones libres, donde en principio se ama incondicionalmente, se quiere vivir de manera temporal y evitando comprometerse con una firma en el amor al otro?”

CINCO conclusiones sobre este estudio diferencial entre la cohabitación y la unión matrimonial:

  1. Las personas tienen que concienciarse más del compromiso que supone el casarse y reconocerse preparadas o no para llevarlo a cabo.
  2. No dejarse llevar por la idea de que la unión libre tiene todas las ventajas y ninguno de los inconvenientes que parece que tiene la unión matrimonial. Más bien al contrario: en cualquiera de los dos tipos de uniones se dan consecuencias afectivas similares.
  3. Informarse y formarse en profundidad sobre lo que significa el concepto de matrimonio y de familia, por encima de lo que dice la calle, si quieres formar una familia…
  4. Querer “sentirnos familia” desde el principio es el mejor aliciente para seguir juntos a pesar de las dificultades en nuestro matrimonio y para no separarnos por motivos individuales.
  5. Tener claro que ni la decisión de casarse ni las posibilidades de éxito o de fracaso en el matrimonio estén determinadas por ventajas transaccionales o económicas.

 

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