Cómo salvar el corazón herido de nuestro hijo “nini”

”Cuando los hijos crecen y algo o alguien les hace daño se convierten en un niño herido que no sabe cómo sanar sus heridas,  y es entonces cuando los padres debemos estar ahí”

Traer hijos al mundo es mucho más que tener hijos. Cada hijo habitualmente no llega ni con un manual de instrucciones ni con un pan debajo del brazo.

Los cambios bruscos en los hijos tienen un porqué que hay que descubrir, siendo muy respetuosos con la sensibilidad de cada hijo y su capacidad de respuesta ante  situaciones que pueden están siendo incomprensibles para él y sus padres.

Si los padres no entienden qué le ha llevado a su hijo a sentirse mal o diferente hasta querer romper con su presente familiar y social y el hijo se siente rechazado o incomprendido por sus padres en lo que le sucede no es  porque no quiera compartir sus sentimientos con ellos, es que no los sabe explicar.

Es entonces cuando se produce la tormenta familiar perfecta que puede acabar con toda una familia bloqueada y sin saber cómo salir de la situación que los tiene a todos encerrados.

Me gustaría contar aquí nuestra experiencia y la de nuestro hijo mayor, como agradecimiento a Sara, por su forma de trabajar y de enfocar las cosas y por si sirve de ayuda a otros padres que estén viviendo algo similar con sus hijos.

Nuestro hijo es cariñoso, generoso y amable con todo el mundo, muy buen estudiante, nunca nos tuvimos que preocupar de él, siempre iba muy bien en los estudios y con su entorno.

Pues bien, cuando llegó a segundo de bachillerato, sufrió un bloqueo y dejó de interesarse por todo, por los estudios, por la lectura, abandonó el inglés, dejó de salir, etc., y empezó a poner excusas para todo y a fantasear con tonterías que nada tenían que ver con sus obligaciones y su vida normal de un chico de 17 años.

Este fue el comienzo de su largo y triste despropósito. No hubo forma, ni hablando, ni obligando, ni con un psicólogo para que le ayudara. Nada. Repitió segundo de bachillerato obligado porque no quería salir de la cama ni de casa. Se matriculó en ingeniería de telecomunicaciones y sólo le sirvió para pasearse, le obligamos a trabajar, trabajó unos meses y cuando acabó el contrato, vuelta otra vez, todo eran evasivas.

Él cada vez se sentía peor y el ambiente en casa era horrible para todos. La relación en la familia y con nuestro segundo hijo se volvió insoportable. Digamos que como padres ya no sabíamos cómo ayudarle pero como pareja estábamos totalmente desbordados con esta situación.

Tropecé con el blog de Sara y vi las historias de otros padres. Aunque yo me encontraba totalmente derrumbada, me negaba a tirar la toalla y por eso la llamé.

Comenzó entonces un trabajo duro para todos, pero desde el principio Sara nos dio esperanza, y nos dejó bien claro que no hacer nada y/o esperar a que esto se pase no es la solución. Había que actuar y eso es lo que hicimos con su ayuda, su profesionalidad, su respeto por las personas y opiniones.

Nos ayudó a tomar distancia, a mirar a nuestro hijo con amor, perspectiva y a recuperar la autoridad como padres que sin duda teníamos pero que habíamos olvidado.

Hoy nuestro hijo mayor ha vuelto a estudiar y con unas notas espectaculares, poco a poco va recuperando las ganas de involucrarse en sus cosas, se ha independizado y aunque todavía le queda un largo camino, nos dice que ya le hemos ayudado bastante y que ahora es su turno.

Me gustaría que esto sirviera de ayuda para otros padres en ésta situación. No hay que tirar la toalla, y mejor que dar palos de ciego, es dejarse ayudar por expertos, de la misma manera que un carpintero no nos puede ayudar con un problema de goteras.

Gracias a Sara pudimos revertir esta situación, supimos ver cosas que no habíamos visto antes, aprendimos a manejar nuestra actitud ante nuestros hijos, por cierto fruto del amor que como pareja nos tenemos, para también respetarles y tratarles como se merecen. Ánimo familias, no dejéis de intentarlo. 

Familia A.G.

Las familias con un hijo nini, salvando las cuestiones personales, suelen tener muchos más puntos en común que los que les diferencian ante esta problemática (sexo, edad, estudios, hermanos…). Lo primero que deben saber los padres es a desdramatizar la situación por muy dramática que les parezca porque hay muchos padres en su misma situación.

Si los padres no se culpabilizan de lo que está ocurriendo, entenderán que la solución no pasa por tirar la toalla con su hijo o desesperarse con él. Desde el principio hay que cambiar de actitud y efectivamente poner en marcha nuestro lema del gabinete: “No se trata de pensar mucho más sino de pensar de otra manera” para saber cómo acompañar a vuestro hijo en este momento tan problemático de su vida también para él.

Un hijo nini en casa es como tener en una habitación “una maleta vacía y desfondada”. Los padres no solo son los primeros educadores de sus hijos sino también los mejores sanadores de las heridas del corazón de sus hijos.

 

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