Si te atrae la maledicencia, ¿Tú en qué lado estás?

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Si te atrae la maledicencia, ¿Tú en qué lado estás?

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“La maledicencia es una extorsión al honor de las personas”

“…el poder persuasivo de la maledicencia es esa capacidad corrosiva que poseen las mentiras para infiltrarse en la realidad y envenenarla hasta acabar configurándola a su antojo. Así, el poder de la maledicencia engendró una verdad quizás inexistente alimentada por recelos e insinuaciones malévolas…” (Juan Manuel de Prada, XL Semanal 11/nov/2018)

“Nunca podrá estar peor considerada la palabra “verdad”, como cuando una noticia falsa se utiliza con vehemencia basada en medias verdades o en mentiras encubiertas de transparencia”.

Cualquiera de nosotros podemos acabar por ser una persona malévola si utilizamos un hecho o nos inventamos un dato íntimo negativo sobre alguien con el fin último de manchar el honor de una persona.

Este tipo de información envenenada ciertos medios de comunicación de la prensa amarilla (prensa, TV, documentales…) saben difundirla muy bien. Ellos lo hacen porque es su negocio y saben que este tipo de noticias se venden y se esparcen muy bien entre ciertas personas.

También existen ciertos productos en formato de libros de corto recorrido disfrazados de biografías no autorizadas o de autobiografías ficcionadas. Su objetivo es usar el posible efecto corrosivo de la maledicencia sobre el papel. Casualmente se suele hacer hacia ciertos personajes públicos a pesar de saber que el éxito de su publicación suele tener un recorrido muy corto.

En las relaciones presenciales, la maledicencia ha dado también mucho de sí en los despachos, aseos y pasillos del entorno laboral. En todos los trabajos hay ciertas personas con una capacidad verbal de alta persuasión que les gusta hurgar en la vida de los demás. También siente envidia del bien ajeno y utilizan su locuacidad para manchar la imagen de alguien que no les gusta en determinado cargo.

Para ello gastan todas sus energías en terminar por echar a esta persona de su propio ámbito laboral a base de decir maledicencias sobre dicha persona. Las mentiras se extenderán después entre los compañeros de trabajo con la intención clara de que llegue a las personas de alto rango laboral.  Una vez que hayan destruido la imagen que pueden tener de esos sujetos inconvenientes.

Los que construyen este tipo de noticias no saben diferenciar entre el espacio de la vida privada de los demás, sus propios juicios de valor y su necesidad tóxica de manchar o arruinar la vida de otras personas. O quizá sí lo sepan diferenciar y puede que en ello radique su motivación vital.

“Para este tipo de personas, las cosas ocurren, según su propia medida y no transcurren como han sido en realidad, sino como ellos lo narran a los que les escuchan o leen”.

Conjeturar de forma maledicente sobre la vida de los demás es no respetar los motivos íntimos y reales que una persona tiene para actuar de una u otra manera. Aunque no se esté de acuerdo con esa persona.

Usar la maledicencia es ver “La vida de los otros,  según el color del cristal y la lupa con que les quieres ver y así lo quieres contar”.

Hay gente que también usa la maledicencia, para ser el centro de atención de chismes, cotilleos o noticias morbosas, pero que siempre son  noticias difamantes.

Todos estos tipos de perfiles de publicaciones realizados por autores que son de lo más variados y están bien localizados socialmente. Ellos siempre cuentan con algún “alma cándida” que cae en la fácil trampa de su tela de araña.

Las “almas cándidas” que caen en este tipo de difamaciones, calumnias y faltas al honor de terceras personas, suelen tener una muy básica formación intelectual. Además, tienen un muy bajo nivel de tolerancia, mucho tiempo libre y una educación basada en el cotilleo y los rumores. Esto les hace incapaces de entender que la comunicación auténtica es la mejor forma de búsqueda de la verdad entre personas maduras, sanas y adultas.

Los que les siguen, suelen ser personas cobardes que prefieren aceptar como cierto lo que sea, antes que buscar el verdadero sentido de esa información. Y no queriendo correr el riesgo de descubrir que alguien les ha mentido o que alguien les ha hablado mal de otro, y así no tener la obligación de defenderlo frente al maledicente.

La persona que vive de tejer una telaraña informativa sobre otro, no hace nada más que aplicar el refranero español con empeño y saña: “Cuando el río suena, agua lleva”.

No es realmente tan importante que lo que se diga sea cierto y se pueda demostrar o no, como que pueda ser creíble, morboso y dañino. Si para conseguir su verdadero objetivo, que no es otro que el pretender demostrar al mundo su propia hegemonía sobre el desprestigio de su víctima, se lleva a otras personas por delante como daños colaterales, no lo dudará ni un solo minuto.

Curiosamente, son personas que no suelen ser ejemplares en sus conductas, en sus proyectos laborales o personales, en sus relaciones familiares o sociales. Y es ese fracaso personal lo que los lleva a necesitar desprestigiar a otros a cualquier precio.

Para ello utilizará sus dotes persuasivas comentadas al inicio con tal de encontrar un lugar que, de forma natural, no han logrado en su vida. Una vez conseguido su objetivo, es decir, una vez hecho el daño sobre la persona que se habían propuesto, saben que deben seguir alimentando el rumor que sembraron. Continúan engordando la primera mentira con otras más, para que así se mantenga su noticia en el tiempo. Esto le proporciona estabilidad en la posición que ha logrado situarse como poseedor de la información maliciosa que un día provocó el escándalo, en el cual radica su éxito.

La aceptación de la culpabilidad por parte de la víctima no le produce placer. Porque sabe que, si la persona afectada acepta el error que le ha achacado, significa que está aceptando un mal que nunca existió, ya que fue todo fruto de su propia inventiva. Y como solo se les da la razón sin fundamento a los locos o a los tontos, el maledicente lo rechazará desde el desprecio.

No quiere recibir el perdón o la disculpa. Solo quiere percibir el temor y la sumisión del calumniado para sentirse superior a él, ya que así ha logrado su verdadero objetivo:

“Dividir a la opinión pública, creerse poseedor de la única falsa verdad, ser un referente del honor de otros y vivir como los parásitos alimentándose del sufrimiento silencioso de sus víctimas”.

Una vez descubierto a un maledicente, tenemos dos opciones si no queremos terminar siendo sus víctimas, tanto sufriendo sus ataques como creyéndonos sus calumnias:
    • Si le quitamos la máscara desde la lealtad y la valentía, nos estamos ganando su antipatía, cosa que vista la situación tampoco es algo preocupante. Una vez que vea que no nos puede manipular, evitará cruzarse en nuestro camino, pues sabe que podemos buscarle su ruina social.
    • La otra opción para evitar convertirnos en uno más de su club de fans es desde el silencio. Esta elección es válida, pero también peligrosa. El silencio le hará creer que, en el fondo, no le dices nada porque tienes dudas sobre el honor de la persona difamada. Esto también le puede envalentonar. El silencio sin poner límites es una forma de complicidad, aunque en el fondo pensemos que nunca nos va a arrastrar a su bando. Esa es una postura cómoda, pero de bajo perfil de valentía y honestidad hacia la persona afectada. La única ventaja es que no genera más humo y habrá gente que no le llegue la maledicencia distribuida por falta de lío.

La maledicencia en las redes sociales es el pan nuestro de cada día. Es la base de su hacer cotidiano y requiere una serie de connotaciones que habría que tratarla de un modo más profundo a este post. Aunque el objetivo es el mismo: destruir a alguien sin criterio, con maldad y sin clemencia.

La maledicencia, suele tener las patas muy cortas. También sus víctimas que, al ser poco cualificadas intelectualmente, son fácilmente embaucadas con noticias que manchan el honor o la fama de alguien. Pero a causa de la debilidad que tienen por el placer que les proporciona conocer las debilidades, ya sean reales o inventadas, de personas que incluso no conocen.

La maledicencia, por desgracia, también puede estar presente en un matrimonio con problemas de comunicación o de infidelidad. Es muy fácil justificarse con el otro insinuando lo que no es o ha sido y atribuirle al otro las consecuencias de mis errores. Es fácil decir no me acuerdo o decir que te acuerdas parcialmente de algo que pone en duda la honestidad del otro. También es fácil decir las cosas de tal forma, que lleve al otro a una confusión de algo que le puede hacer daño a nuestra pareja si cae en el error inducido.

  • Significado de Maledicencia: Acción de maldecir o difamar a alguien (RAE)
  • Significado de Mentira: Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente (RAE)
  • Significado de Difamación: Información negativa o falsa que se dice en público o se escribe de una persona en contra de su buen nombre, su fama y el honor objetivo de la persona. (RAE)
  • Significado de Calumnia: es la falsa imputación de un delito que da lugar a  una acción Pública. (RAE)
  • Significado de Injuria: afecta al honor de una persona o al honor subjetivo de lo que la gente piensa de dicha persona. (RAE)

 

«Tanto la calumnia como la difamación y la injuria son crímenes contra la verdad de la vida de ciertas personas”

 

 

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