Su Primera y su última…

¿Por qué tanta contradicción socialmente bien vista…?

Hablar de educar en una  determinad fe a a los hijos, es un tema que por lo general, preocupa mucho a los padres. La sociedad consumista e individualista que nos rodea, deja muy poco espacio libre para que los padres eduquen bien en la fe a sus hijos:

de manera coherente y sin caer fácilmente en una doble moral arrastrados  por algunos ambientes hipócritas y/o puritanos.

En algunos círculos de opinión es frecuente encontrar padres de familia que afirman que: “Creen en Dios, pero no en la Iglesia ni en los curas” Muchos padres de los que así opinan, se  han casado delante de un cura, han bautizado a sus hijos de la mano de un cura, y sus hijos han hecho su Primera y ultima Comunión de  las manos de un cura.

¿Por qué tanta contradicción socialmente bien vista… somos conscientes de ella…?

En España se acerca la época de las  Primeras Comuniones colectivas, cuyas celebraciones se realizan a través de los colegios o las Parroquias. Es frecuente que miles de niños reciban por estas fechas:

“su Primera y su última Comunión al mismo tiempo”

y posteriormente celebran dicho acto religioso rodeados de toda la familia y amigos como el que asiste a un gran banquete social.  Esa misma familia  también bautizó en su día a sus hijos con otra celebración social  como  si de una boda se tratase.

Los niños que reciben estos dos sacramentos, durante un periodo de tiempo  están en manos de sus padres, porque  ellos no tienen autonomías suficientes para empezar a vivir todavía en solitario su religión y en consecuencia su fe. Si sus padres no siguen acompañándoles en la fe de una manera solidariamente responsable, probablemente sus hijos, no volverán  a pisar una Iglesia o asistir a una ceremonia religiosa hasta que sea el  entierro o funeral de alguno de sus padres o abuelos.

“La fe de nuestros hijos, debe crecer junto a sus padres hasta hacerla suya”

cuando esto no ocurre, el hijo termina por vivir al ritmo de la no  fe de sus padres, hasta que pasado un tiempo el hijo, por si solo deje de vivir de  la fe que le enseñaron, porque nadie le ha acompañado y  ayudado a llenar de contenido su vida espiritual desde niño. Se ha quedado como un mero espectador de un espetáculo social, donde tiene un vago recuerdo de que durante un día  fue él,  el protagonista de una fiesta familiar organizada por sus padres para toda la familia y amigos sin ninguna otra trascendencia posterior.

Creer en una religión monoteísta es muy común y frecuente. De hecho en todo el mundo son miles de millones de personas las que se declaran creyentes de un solo Dios y practican una religión que normalmente la aprenden en su propia familia.

Los padres debemos saber que dentro del desarrollo y madurez  de cada uno de sus hijos, educarles y formarles en la fe,  no se debe limitar a la celebración de unos hechos sociales aislados, sino que el crecimiento en la fe, necesita de un proceso de asimilación que se sostiene en el tiempo a través de la infancia y hasta la adolescencia. Dicho proceso debe acabar en la confirmación de una persona adulta que cree en Dios y practica por si mismo y ya siempre  en primera persona de manera libremente asumida.

los hijos aprenden de sus padres mediante un proceso madurativo que tiene tres etapas:

  • de 0 a 7 años el niño aprende por imitación de su entorno.
  • De 7 a 12 años el niño aprende por comprensión porque es capaz de analizar y resolver por si mismo muchas facetas de su vida.
  • de 13 años el adolescente  aprende por convicción, mediante la reflexión personal  con el fin de poder hacer suya la fe  enseñada y aprehendida de sus padres, colegio y amigos.

Durante estas tres etapas nuestros hijos deben aprender a distinguir:

“entre el bien y el mal, aspirando siempre a poder elegir entre lo bueno y lo mejor como estilo de vida, 

todo lo que no le hayas enseñado hasta esa edad a tu hijo gracias a tu buen ejemplo, es difícil enseñarlo después”

De ahí la importancia la gran importancia que tiene la coherencia de vida de los padres:

  • Los padres tienen unos testigos de excepción que son sus propios hijos.
  • Los padres deben pensar y vivir como creen, sin fisuras en su conducta.

Los banquetes sociales acristianados se parecen a lo que les ocurre a algunas familias de religión musulmana que viven y practican el Ramadan y después toman jamón y alcohol fuera de su país o a escondidas.

Este paralelismo es un espectáculo bochornoso  para ambas sociedades familiares de religión monoteísta, pongámonos en el otro lado de la acera y pensemos que con nuestras formas externas estamos dando muy mal ejemplo a nuestros hijos principalmente y al resto de la sociedad suficientemente impregnada de pragmatismo y agnosticismo.

Ser coherentes espiritualmente hablando es una garantía educativa con los hijos ya que lo único que a sus padres nunca les perdonarán es el hecho en si de que a nosotros como padres “nos pillen”  en una mentira.

Esta mentira espiritual-social a nuestros hijos, nos pasará factura con el quebrantamiento de la confianza plena de nuestros hijos en nosotros como padres

En estas ultimas semanas he estado  impartiendo ponencias a cerca de la educación de los hijos en relación con la religión:

  COLEGIO PINOALBAR EN SIMANCAS (VALLADOLID)

 COLEGIO PUERTA PALMA (BADAJOZ)

La importancia de hablar de la sexualidad  desde la fe a nuestros hijos