No es lo mismo “hacer el amor” que “sellar el amor”.

Actualmente lo que todo el mundo entiende por “hacer el amor” significa “hacer sexo”

El abuso del término “hacer el amor” como simple acto sexual, ha vaciado de contenido real el verdadero significado de la palabra “amor“, convirtiéndose la frase en un vulgarismo semántico, que principalmente sólo da sentido a cualquier acto sexual humano sin más trascendencia ni compromiso. Entonces las personas que se quieren y se aman debieran diferenciar sustancialmente sus comportamientos y conductas sexuales, marcando la diferencia entre los que sólo “hacen el amor” y los que “sellan el amor”.

Hay determinados comportamientos sexuales habituales, que transforman nuestros comportamientos con el otro, en cuanto a lo que se refiere a compartir  nuestra intimidad sexual y conyugal. La deliberada y continuada actitud hacia el amor que se basa en maneras de individuación sexual, lleva en la mayoría de los momentos a la esterilidad física,  provocando a medio y/o largo plazo esterilidad  afectiva.

Determinadas rutinas de comunicación afectivo-sexual, van haciendo que ciertas conductas y sus intenciones permanentes, nos van transformando y conformando determinadas actuaciones íntimas que si en un momento dado uno se para a reflexionar sobre ellas, puede encontrarse con acciones personales que desvirtúan el verdadero sentido y objetivo de como manifestar nuestro amor al otro de manera transparente, desinteresada y sólo por amor.

“Hacer el amor” tal y como hoy se entiende, puede no exigir comunicación interpersonal alguna, que te haga salir al encuentro del diálogo con el otro y quedarte sólo con uno mismo y tus propias apetencias sexuales.

“Sellar el amor” exige saber amar bien al otro -no sólo con el cuerpo sino también con la cabeza y el corazón- comunicando con hechos tus pensamientos y tus más profundos sentimientos y también obligándote a una permanente comunicación, necesaria entre el cariño y  la atracción, el placer y la posible y potencial  fuente de  transformación de dos en tres.

El entregarte por amor a otro de manera fragmentada físicamente, convierte tus acciones en un lugar de paso hacia el desahogo, donde en el espacio de  “hacer el amor” solo hay hueco disponible para uno y a veces para dos… pero donde se suelen excluir primero -algunas de las consecuencias que se producen de ese amor pleno y global- y segundo y no menos importante que el primero -la intención profunda del reposo y la contemplación en el otro- para así  concelebrar y “sellar el amor” para siempre.

“Cada acto sexual no es en sí  mismo superfluo ni banal, sino que  forma parte del plan global de la intimidad de cada vida, cada matrimonio y cada familia”.

El amor tiende a unir a los que se aman, en definitiva, al “sellar el amor” de manera permanente y  no esporádica y en función no sólo de uno sino del proyecto familiar de dos que se auto-eligieron libremente y para siempre forma una parte importante de una buena comunicación conyugal.

“Uno por amor tiende a transformarse en el otro, pero no solo afectiva sino físicamente también