Crisis de comunicación sentimental o mamparitis conyugal

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Crisis de comunicación sentimental o mamparitis conyugal

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“El virus de la mamparitis conyugal puede infectar a cualquier pareja que no cuide su comunicación verbal y afectiva”.

La palabra “mamparismo” se define como un estado de inestabilidad mental que puede suceder en determinados marinos cuando llevan largos periodos de tiempo sin tomar tierra y con una permanente convivencia dentro de un barco por motivos profesionales.

Este mismo fenómeno ha ocurrido después de la pandemia en determinados matrimonios. Después del confinamiento por COVID, en muchas parejas se ha quebrado la comunicación sana que antes tenían como matrimonio en su ámbito doméstico.

Este confinamiento ha producido un estado sentimental desequilibrado. Esto debido a la falta de espacio personal y exceso de espacio común en un entorno cerrado,  que, si anteriormente estaba dedicado a desconectar del trabajo y para comunicarse en pareja, durante el confinamiento se convirtió en oficina y lugar de trabajo. 

Siempre que en una pareja se intensifica la comunicación sentimental sin más comunicación con el exterior, la misma comunicación de la pareja se empobrece y se quema por estrés.

A los matrimonios que permanecen encerrados o que se encierran en sí mismos y que no tienen vida fuera les ocurre algo similar a aquellos marinos que permanecen encerrados dentro de un barco sin tocar tierra por un largo periodo de tiempo.

Es verdad que, en principio, para un matrimonio no hay manuales ni protocolos de trabajo como sí los hay entre los marinos. Sin embargo, igual que en los barcos, en un matrimonio sí hay líneas rojas que facilitan y  hacen más amable la convivencia. Las diferencias entre un caso y otro, entre un barco y un matrimonio, se encuentran en el nivel motivacional. 

Una de las motivaciones para no sobrepasar ciertas líneas rojas es por cuidar el buen espíritu de colaboración que se necesita para coordinarse mejor. Esto es común a la convivencia en un barco y a la convivencia matrimonial. 

Sin embargo, aun teniendo estos mismos objetivos, tanto la buena convivencia como el trabajar en equipo, la motivación con la que cuentan los matrimonios va mucho más allá de ganar un sueldo y unas dietas por estar fuera de su hogar, como es el caso de los marinos. 

Aquí no hay una transacción de bienes y servicios. Lo que mueve a las parejas es la mejora y complementación de su vida y su proyecto en común. Este debe estar basado no solo en el respeto, sino también en el cariño y confianza mutua.

Trabajar en un barco no les permite a las personas dejar nada al azar o a la intuición. Todo está protocolizado en tiempos, modos y personas. Y para ello no necesitan poner el corazón en su ejecución porque hay una estructura vertical que sustituye a posibles sentimientos.

En la vida matrimonial existen imprevistos, existe el azar, existen las corazonadas, existe la empatía y la asertividad. Pero, sobre todo, existe el amor que impregna cualquier circunstancia controlable o no controlable. Y todo ello es posible porque las parejas se manejan desde una sistema matrimonial horizontal y entre iguales.

Siendo muy buenas las normas y las disciplinas para cualquier trabajo y vida en equipo, una excesiva rigidez en el matrimonio puede llevarnos a perder vitalidad. Nos hace caer en el peligroso mundo del “acostumbramiento”, donde todo es predecible. Cuando esto ocurre la improvisación es un enemigo para la comunicación serena y tranquila. En estos casos, el asombro ante lo ocurrido es de carácter negativo. Una sorpresa buena nunca tiene espacio y lugar adecuado, no cabe en la vida de un matrimonio que se maneja por horarios, previsiones y todo tipo de preparativos para cualquier cosa.

Es en estos momentos donde el matrimonio corre un serio riesgo de caer en un estado mental de MAMPARITIS SENTIMENTAL. Es entonces cuando empieza a tomar posesión del hogar la irritación desproporcionada, los ruidos como una molestia, los diálogos como interrupciones inoportunas….

Mientras que en un barco no se tiene descanso alguno, sino que el tiempo está siempre cubierto por corre-turnos de cargos y personas, en un matrimonio hay que romper con la actividad sin descanso permanente. Llenar la vida matrimonial de rutinas que garantizan que todo funciona bien y que no incluyen tiempos de descanso para cada uno de los miembros de una pareja. Tiempos en lo que cada uno pueda estar sin hacer nada o desarrollando una actividad lúdica que le de autonomía personal. Entonces se produce entre ambos una inflamación ambiental muy tóxica ya que no se conceden ni tregua ni oxígeno en su vida matrimonial.

4 Consejos contra la MAMPARITIS CONYUGAL:
      1. Regalaos para los dos ESTAR FUERA de las paredes de vuestro hogar 24 horas completas que incluyan una noche (desde las 12 horas de un día a las 12 horas del día siguiente).
      2. Todas las semanas cada uno tiene que tener un mini-plan individual lúdico-cultural.
      3. Haced cada semana un plan juntos donde, de manera alternada, cada uno elija el plan que le guste y no el que le gusta al otro. Así, cada semana vais conociendo mejor lo que le gusta al otro.
      4. Si es posible, tratad de salir todos los meses a cenar, al cine, hacer una actividad o viajar con amigos comunes.

“Si empieza a molestarte hasta cómo coge el otro el vaso de agua mientras come”, es posible que esté entrando en vuestro matrimonio el terrible virus de “Mamparitis conyugal”. No se cura dejando pasar el tiempo, sino cambiando vuestras rutinas de seguridad.

También hablándolo o acudiendo a un especialista en terapia de pareja antes de que sea demasiado tarde.

Hace unos meses publiqué en el canal de Instagram un vídeo dedicado exclusivamente al mamparismo. Incluyo aquí el enlace por si queréis escucharlo o difundirlo entre personas a las que les pueda interesar.

 

 

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Comment ( 1 )

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    Teresa

    En Alemania no hubo confinamiento, Metkel dijo que era peor encerrar a las personas que el virus mismo, que traía muchos problemas psicológicos o de salud, así que cerró los centros comerciales e impuso unas reglas de distancia en la calle y todo el mundo aquí las cumplíamos, pudiendo salir a pasear y hacer deporte y saludar a tus vecinos en todo momento. Me gustó mucho cómo lo gestionó porque mi hermana me llamaba desde España que estaba paseando al gran dogo que tienen pero las niñas pequeñas en casa se le subían por las paredes y no podía sacarlas…

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