Después de los 50, tenemos que ser más “disfrutones” con la vida

Es importante mantener equilibrada nuestra mente y nuestro cuerpo, aunque sigamos cumpliendo años.

No se justifica la edad para no mantenernos a raya, ya no somos adolescentes en tránsito hacia la vida adulta y sus consecuencias, sino que ya estamos preparándonos para la inminente tercera etapa de la vida.

Hoy la vida media de las personas de más de 50 años se ha superado en más de 33 años vida  siendo habitual que lleguemos a cumplir 85 años. Ya no hay duda de que las personas hoy viven más años y con mejor calidad de vejez que hace 50años. Antes la gente moría más joven y además llena de achaques y dolencias.

Hemos dado más años a la vida pero debemos prepararnos para dar más vida de calidad a los años y esta preparación es clave ponerla en marcha a partir de los 50 años, porque es la edad media donde nuestra genética nos sigue afectando pero ya no tanto…porque de como nos hayamos vivido y cuidado hasta ahora hará más predecibles nuestros años futuros.

Llegar a los 50 años no significa haberlo vivido ya todo, ni mucho menos… sino que ahora es al revés,  porque  a partir de esta edad es cuando nuestra segunda etapa vital puede estar acompañada de  nuevas experiencias y mayor desarrollo personal.

“A partir de los 50, si nosotros queremos podemos conseguir ser más disfrutones con la vida”

Tenemos dos músculos en nuestro cuerpo fundamentales que uno está en nuestra mente, que es el cerebro, y otro  que está alojado en el interior de nuestro cuerpo que es el corazón.

  • El corazón sí es un musculo bien cuidado, es longevo salvo excepciones, y por otra parte el cerebro solo tenemos  que cuidarle para que no sufra por encima de lo que pueda soportar.
  • Lo bueno del cerebro es que podemos engañarle ante el sufrimiento con gestos emocionales tan sencillos como una sonrisa, un abrazo o un recuerdo y que te  hacen  sentir mejor y que no estas solo.

La energía que el hombre produce por el hecho en sí de pensar se trasforma en sentimientos y emociones que son  tremendamente positivas para sentir una vida saludable y con bienestar psicológico.

Pero si nuestro cerebro y corazón producen pensamientos y emociones negativas todo el organismo sufre y puede llegar a colapsarse por las interferencias sufridas  entre el cerebro y el corazón y que terminan por provocarnos enfermedades, malestar e incluso la muerte.

Dr. Juan Hitzig es el autor del libro “Cincuenta y tantos “. Y también es autor de un curioso alfabeto emocional que nos conviene conocer:

Las conductas con R son todas esas conductas generadoras de la hormona del cortisol, o también llamada la hormona del estrés, cuya presencia prolongada en sangre es tan tóxica como letal para las células arteriales ya que con su aumento elevado en sangre también se aumenta el riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares.

¿Te identificas con este tipo de conductas negativos, en determinados momentos de tu vida?

Resentimiento, Rabia, Reproche, Rencor, Rechazo, Resistencia, Represión.

Las conductas R generan además las siguientes actitudes  y sentimientos negativos :

Depresión, Desánimo, Desesperación, Desolación

Las conductas con S se diferencian de las R porque son conductas promotoras de Serotonina, o también llamada la hormona del bienestar y la felicidad, ya que genera la tranquilidad necesaria para mejorar nuestra calidad de vida, y eso hace que te alejes mas fácilmente de la enfermedad y del envejecimiento celular.

Serenidad, Silencio, Sabiduría, Sabor, Sexo, Sueño, Sonrisa, Sociabilidad, Sedación.

Las conductas S generan actitudes y sentimientos positivos como son:

Ánimo, Aprecio, Amor, Amistad, Acercamiento.

Me gustaría compartir contigo algunas de las mejores reflexiones de Dr. Hitzig:

Al reflexionar sobre la frase “hacerse mala sangre”, se suele concluir que las conductas y actitudes negativas no son más que el desequilibrio hormonal entre un exceso de cortisol y una falta de serotonina en la sangre.

  • Presta atención a tus PENSAMIENTOS pues se harán PALABRAS.
  • Presta atención a tus PALABRAS pues se harán ACTITUDES.
  • Presta atención a tus ACTITUDES porque se harán CONDUCTAS.
  • Presta atención a tus CONDUCTAS porque se harán CARÁCTER.
  • Presta atención a tu CARÁCTER porque se hará BIOLOGÍA.
Hace muchos años el poeta Rabindranath Tagore decía:
“Si tiene remedio, ¿de qué te quejas?
Y si no tiene remedio, ¿de qué te quejas?”

A modo de reflexión este pensamiento podría servirnos para aprender a dejar las quejas y los pensamientos negativos de lado y buscar en cada situación el aspecto positivo  de las cosas porque  hasta la peor de las situaciones puede tener algo bueno que descubrir.

Al final todo es cuestión de actitud y el Dr. Hitzig ha comprobado con sus investigaciones que quienes envejecen bien son las personas que habitualmente son personas activas, sociables y sonrientes y además son personas con las que todo el mundo quiere estar y les gusta declararse ser sus amigos.

Mientras que también estas todas esas personas que  llegan a mayores en un estado de permanente mal humor y están amargadas y resentidas. Todas estas personas es frecuente que provocan tal rechazo en los demás que acaban solas al final de sus vidas.

Y si has llegado a leerme hasta aquí creo que te toca  empezar  reflexionar que conductas R y que conductas S debes replantearte cambiarlas para transformarte en el mejor disfrutón a partir de  cumplir los 50. Porque hasta ahora…

¿Qué abundaban más en tu vida, actitudes y sentimientos D o A? 

No te engañes no existe una vida sin problemas, solo existen personas con conductas R o S




Empatía digital, trabajo, COVID19 y la silenciosa desfeminización

Leía hace poco que al 2020 solo le han bastado 9 meses y 1 virus para arrasar con buena parte de nuestras proyecciones y planes vitales.

En este nuevo paradigma, donde el futuro solo encaja a corto (¡cortísimo!) plazo en nuestro nuevo orden mental, los anhelos profesionales y las habilidades también se están transformando.

Además en una era en la que los algoritmos proliferan ser empáticos digitalmente se trata de un pilar a nivel profesional.

Durante estos meses la conexión con el cliente y los equipos de trabajo ha sido, quizás, el mayor obstáculo a superar. En muchos casos, el valor añadido entregado en forma de edificio, oficinas, instalaciones, etc… representativas que ha dejado de existir y todo el peso ha recaído sobre las relaciones humanas mucho que son más difíciles de cultivar en la distancia.

Igualmente, hay que tener en cuenta que ha sido un periodo de tele-trabajo peculiar: niños corriendo por la casa, el efecto estresante del confinamiento, espacios domésticos poco adaptados, etc…A partir de ahora, será interesante ver como funcionan las fórmulas mixtas en las que interese desplazarse a la oficina cuando así lo requiera el cliente o el equipo, sin escatimar en medidas preventivas.

¿Cómo organizar el trabajo en este entorno digital para conseguir cansarse menos?

Destacaría dos medidas clave:

  • Los sistemas personales de gestión del tiempo nos pueden servir de gran ayuda a la hora de gestionar y hacerlo más eficiente, así como para establecer las pausas necesarias y cambios de materia que permitan refrescar la mente para seguir rindiendo.

Métodos como el “Pomodoro” que se utilizan para mejorar la administración del tiempo dedicado a una actividad y que fue desarrollado por Francesco Cirillo a fines de la década de 1980.

Se basa en usar un temporizador para dividir el tiempo en intervalos fijos, llamados pomodoros, de 25 minutos de actividad, seguidos de 5 minutos de descanso, con pausas más largas cada cuatro pomodoros.

  • Por otro lado, el descanso digital buscando realizar actividades alternativas afines a cada uno (ejercicio físico, lectura no relacionada con el trabajo, la cocina, etc.) es fundamental para encontrar el equilibrio y fomentar el bienestar. Encontrar un “descanso activo” que nos levante de la silla habitual de trabajo y nos separe de las múltiples pantallas me parece esencial.
No obstante, son las mismas medidas que podríamos aplicar al trabajo presencial entendiendo el bienestar como la base de la eficiencia y la búsqueda de la realización profesional/personal.

No quiero terminar sin hacer alusión a unas cifras preocupantes.

“Según la Encuesta de Población Activa del pasado mes de julio más de la mitad del millón de empleos que se esfumaron en España durante el confinamiento eran femeninos (546.000 en total). Y a nivel global la realidad es también descorazonadora”.

“Según la consultora McKinsey el 54% de los trabajos destruidos en el planeta por esta crisis los ejercían mujeres”.

“La CNN alerta de que «la pandemia amenaza con borrar el progreso femenino».

“The Washington Post vaticina que «la crisis de cuidados y conciliación del coronavirus puede hacer retroceder a las mujeres toda una generación»”.

“El Financial Times ya asegura que nos enfrentamos a un escenario en el que nos situamos en indicadores de los años cincuenta, cuando las mujeres apenas accedían a la fuerza laboral”.




¿Soledad deseada o no deseada?

“Mientras la palabra soledad esté relacionada con la vejez, algo estamos haciendo mal en las familias, entre las personas y en la sociedad”

 

He escrito este post desde el mayor confinamiento mundial de la historia de la humanidad, que probablemente nos llevará a todos los que lo estamos viviendo, a reflexionar  sobre esta experiencia vital en la que para garantizar la salud de la mayoría de la población,  estamos  desde hace semanas, siendo obligados a estar en casa y sin salir y donde unos están viviendo solos y otros estamos afortunadamente acompañados de los nuestros, pero por desgracia ha habido miles de fallecidos que se han despedido de este mundo enfermos, solos y sin una mano querida y amiga a su lado. Estoy segura de que para ellos sus últimas horas de vida han debido ser de una soledad cruelmente aceptada.

Cuando pasen los años todos los que ahora me leéis podremos decir alto y claro:

“Yo estuve allí, y cuando todo esto pasó, pude cambiar el curso de mi historia personal y profesional ya que durante el confinamiento  obligado, busqué mi soledad elegida  para después saber ver la realidad de la vida con otros ojos…”

En España una cuarta parte de los hogares son mono-parentales o de gente que vive en solitario. Y muy importante el 27% de los mayores de 65 años manifiesta sentirse solo aunque no todos ellos vivan solos.

La sociedad individualista y autónoma actual está generando serios problemas y cambios sociológicos en cuanto a la experiencia de saber cómo podemos vivir la soledad.

Cada vez hay más gente que está , siente y sufre sola y peor aun cada vez hay más gente muriendo sola sin que nadie les eche en falta… durante mucho tiempo.

Os invito a leer esta noticia:  “Encuentran a una mujer momificada que llevaba muerta 15 años”

Este fenómeno social está íntimamente unido a los cambios y desequilibrios demográficos y familiares  que principalmente son todos aquellos derivados de las rupturas familiares, las familias sin hijos o con muy pocos hijos,  sin dejar atrás la  frecuente distancia física y emocional  de los nietos con los abuelos, el poco tiempo dedicado al ocio intra-familiar, el individualismo socio-familiar que se produce con las nuevas tecnologías posibles plenamente adaptadas al ámbito doméstico…estos son algunos de los muchos motivos que están produciendo un aislamiento social generalizado tanto en las ciudades grandes como en las pequeñas.

Uno de los peores sentimientos que podemos sentir es el de “es estar rodeados de gente, familiares o amigos y  a pesar de ello sentirnos solos”.

El sentimiento de soledad es una mezcla entre miedo y dolor que afecta a nuestro estado de ánimo y que por lo tanto casi automáticamente modifica nuestra cabeza, cuerpo y corazón. Si este sentimiento se convierte en algo permanente y no transitorio es entonces cuando termina por afectar seriamente a nuestra salud física y a nuestro equilibrio psíquico.

Este sentimiento negativo y contradictorio a la vez se merece una reflexión acerca de como se vive la soledad  cuando si es deseada o la soledad cuando no es deseada:

“La soledad no deseada es la sensación de estar desconectado de tu entorno de manera involuntaria y puedes ser consciente o no de que te está afectando directamente a tu carácter”.
  • Cuando es un sentimiento de pérdida o alejamiento involuntario de una persona querida o incluso de la pérdida de una mascota, es un sentimiento que habitualmente está acompañado también de la tristeza típica de la propia soledad (nostalgia, rechazo, pena).
  • Cuando sufres la falta de apego hacia personas que no conoces de nada y que ni te conocen a ti tampoco, esta sensación se identifica como soledad urbana, que es propia de grandes concentraciones de personas en edificios, transportes, oficinas, espectáculos deportivos o teatrales…
  • También podemos sentir la “soledad tecnológica”, que es una soledad aparentemente deseada pero que en realidad no es así ya que vivir conectado a las redes me hace creer que vivo acompañado pero entonces se corre el riesgo de vivir un espejismo de soledad inconscientemente no deseada por desconocimiento propio de la situación real o por falta de auto-control o de visión a medio plazo de las consecuencias que la tecnología de la comunicación virtual competitiva pueden producirnos a cada uno a través de las redes sociales y el toda la galaxia on-line que existe tan fácilmente a nuestro alcance.

El mundo en red evita, ningunea o anula el contacto personal y cercano. Tanto  para divertirse con familiares y amigos como para la recarga de las propias necesidades básicas podemos llegar a vivir sin necesitar el contacto físico sino  mantener una  buena red activa.

La tecnología hace que parezca que siempre podemos tener a alguien ahí que te quiere acompañar gratuitamente siempre que tu lo necesites y realmente es una fabulación pensar que esta es la mejor manera de estar plenamente acompañado gracias a una red social

  • Cuando la soledad no es ni buscada ni deseada, se producen en las personas efectos muy nocivos para su salud y su esperanza de vida (32% más de muertes prematuras e injustificadas).
  • Cuando una soledad no es deseada y se cronifica aumenta el alcoholismo, el tabaquismo, el insomnio, la depresión endógena y los intentos de suicidio.
  • Al llegar a una edad avanzada la falta de acompañamiento y su consiguiente soledad no deseada, es cuando el sentimiento de soledad se convierte en un drama personal que ya alcanza niveles de drama social y mundial.

Hay distintos países de Europa donde ya se ha creado una “Secretaría de Estado de la Soledad” para combatir esta soledad no deseada y sin embargo son países que en su mayoría nunca antes han tenido una “Secretaría de apoyo a la familia”.

“Los gobiernos creen estar atajando los síntomas de una sociedad enferma de “soledad no deseada”, pero no saben ir al análisis y la posible prevención de sus causas, que nacen mayoritariamente en cada hogar unifamiliar donde no se protegen o se cuiden las relaciones afectivas para siempre.”

La soledad deseada, es por el contrario un estado que produce bienestar por el simple hecho de haber sido una situación querida y deseada por la persona.

Cuando habitualmente hablamos o escribimos sobre la soledad, caemos fácilmente en el error de maltratar el significado de la palabra, dándole un tinte unidireccional y dramático en vez de poder tener también un sentido lúdico.

La soledad deseada es un atributo cultural y emocional que pone en valor la soledad cuando eres capaz de hacer de esta decisión una opción personal.

“No es lo mismo estar solo que sentirse solo, lo primero es causa de gran placer  y éxito en nuestra  autonomía personal”

Cuando nacemos somos dependientes de alguien al 100% durante meses y semanas y con los años conseguiremos si todo va bien…poder tener  plena autonomía física y mental. Pero tanto al principio como al final de nuestra vida todos vamos a necesitar ayuda afectiva y/o especializada.

Pero si alcanzamos una sólida madurez y  orden mental que nos permita poder vivir juntos  pero al mismo tiempo poder dejar que fluya en nosotros la necesidad de poder separarnos emocional y afectivamente de los demás, habremos conseguido  alcanzar una autonomía vital tal que sabremos buscar unas veces la necesaria soledad  como una opción como también saber identificar nuestra  necesidad personal.

“Solo desde este equilibrio mental, tendremos la capacidad propia de ser autónomos e independientes pero sin dejar de estar conectados con el entorno”. (Sentido de pertenencia).

No existe la compañía ideal, no te engañes si piensas que es así  porque la realidad es que la compañía perfecta y eterna es una fantasía.

En algunos momentos la mejor compañía es una soledad elegida.  Todas las imperfecciones o carencias de la compañía de los otros, se sanan con una soledad elegida, ya que este tipo de soledad  forma parte del enriquecimiento personal, activo y permanente que tu deseas.

Muchas soledades deseadas son el mejor alimento afectivo que podemos consumir a demanda de ciertos momentos o necesidades personales.

No te mueras de hambre afectivo por falta de esa soledad querida, deseada.

Para nacer y para morir todos vamos a necesitar  de ayuda personal. Pero en la madurez de la vida intenta ser independiente de cualquier forma de enganche personal.

Libérate de co-dependencias personales unidas a una compañía mal elegida.




Una historia de amor.

Para poder amar hay que amarse primero a uno mismo

El texto que reproducimos a continuación forma parte del proceso de coaching de una mujer que aprendió a volver a quererse a si misma y que compuso este excepcional relato.

De cada proceso me llevo un aprendizaje y de éste especialmente la convicción del poder que tiene quererse a uno mismo: el principio de una historia de amor eterna y que para poder amar hay que amarse primero a uno mismo.

 

“Llevaba un par de días en un estado un poco apagado y sabía que se me notaba en los hombros y en la mirada. Estaba cansada y además tenía sueño. No había podido dormir bien la noche anterior por la gripe y estaba segura de que ese factor también podía influir en mi estado de ánimo.

No sabía cómo le iba a explicar que me sentía como una montaña rusa por causas externas y ajenas a mí. Estaba enfadada conmigo misma por no ser capaz de sobrevolar y estar por encima de las circunstancias, aunque tampoco me quise mortificar en exceso, ya que lo que de verdad contaba era la actitud ante circunstancias más o menos adversas.

Cuando abrí la puerta, el agradable olor a jazmín de las velas me dio la bienvenida y me envolvió una reconfortante sensación de seguridad y calor de hogar. Casi al instante, comencé a sentirme mejor y notaba cómo se dibujaba una sonrisa en mi cara y la bruma se empezaba a disipar.

“¿Estás lista?” me preguntó desde su sillón como si me estuviera anticipando algo.

“Sí” le respondí divertida. Tenía curiosidad por saber qué íbamos a hacer en la sesión de hoy, ya que siempre sacaba algún aprendizaje que iba rumiando a lo largo de la semana.

Me observó fijamente durante unos segundos que se me hicieron eternos,
provocándome una sonora carcajada que mostraba claramente una mezcla de nerviosismo y expectación.  Empezaba bien, riendo. Un alivio.

Sacó de su bolsillo un billete de 500€ y lo estiró mostrándolo delante de mis ojos.

“¿Cuánto vale este billete?” preguntó. El juego prometía. Respondí al instante segura de lo que tenía delante de mis ojos dejándome llevar por las primeras sensaciones.
“500€”.

En ese momento lo arrugó todo lo que pudo entre sus dedos. Me sorprendió, y levantando las cejas, me pregunté si sería falso, aunque sabía a ciencia cierta que no lo era.

“¿Cuánto vale ahora?”. Preguntó de nuevo.
Le volví a responder lo mismo. Seguían siendo 500€. Arrugados, pero eran 500€. Cogió el billete de nuevo y tirándolo al suelo lo pisoteó y lo usó de felpudo. Di un respingo ante lo inesperado de la situación. ¡¡Si eran 500€!! Esperando algo impaciente a que terminara de pisotearlo y maltratarlo, me di cuenta de que la situación me estaba confundiendo del todo. De nuevo, recogió el billete del suelo y me hizo la misma pregunta mirándome fijamente.

“¿Y ahora? – Hizo una pausa ¿cuánto vale?”

Sabía que esto era importante. No era un juego. Se trataba de algo de vital importancia que quería decirme. De pronto, mis sentidos se agudizaron y comencé a percibir cómo la adrenalina fluía de forma suave desde la punta de mis pies hacia todo mi cuerpo. Estaba alerta y muy atenta porque sabía que esto era trascendental.
“siguen siendo 500€” le dije en tono serio.

Y entonces, aquello que yo creía que comenzaba como un juego y que nunca lo había sido, terminaba siendo una lección que no se me olvidaría en la vida:

“Tú eres como este billete de 500€. Aunque te arruguen, te pisoteen, te machaquen y te maltraten, tu siempre valdrás 500€. Tu valor ni disminuye, ni cambia, seguirás valiendo 500€”

Tenía razón. La mujer sentada frente a mí me había hecho el mayor regalo que nadie podía hacerme: SER CONSCIENTE DE MI VALOR. Habría dado igual que me hubiera dejado el billete en el bolsillo trasero del pantalón y hubiera pasado por la lavadora, un centrifugado y una secadora. Al sacarlo, ese billete seguiría valiendo 500€.

Y todo eso me llevó a pensar más allá. Se trataba de un billete de 500€ único. Con su número de serie único, sus arrugas únicas, sus pisotones únicos y su paso de mano en mano únicos. Habría millones de billetes como ese, con las mismas marcas de agua y mismos códigos de seguridad, pero no serían ese mismo billete de 500€.

En el camino de vuelta a casa no dejaba de darle vueltas en la cabeza. Yo tenía valor, siempre el mismo valor, o incluso más. Daba igual lo que me hubiera pasado en la vida. Siempre había tenido valor y seguiría teniendo valor.

Mi percepción sobre mí misma comenzó a cambiar. Me sentía más fuerte, más segura, más YO. Empecé a pensar en las cosas que me habían pasado desde que era niña. Las cosas que había permitido a los demás y las que yo misma me había hecho como auto-castigo.

Según iba hilando recuerdos y pensamientos, yo misma me iba respondiendo preguntas y me iba dando cuenta de lo absurdo de mi situación. Trataba de excusar, pasar por alto y cerrar los ojos ante situaciones inadmisibles, heridas y dolores que nunca habían cerrado.

Y fui consciente, una vez más en el mismo día, de lo que yo misma me había hecho y había dejado que otros me hicieran. Era mi responsabilidad, y de nadie más, dejar que otros me trataran mal, con desprecio, sin cariño y sin respeto.

Tenía que dejar de insistir en que me quisieran, dejar de tratar que me comprendieran, dejar de convencer a los demás de que yo valía como mujer y como persona, como madre y como esposa. Como profesional y como ama de casa. Debía dejar de convencerme a mí misma que todo lo podía y que debía ser pluscuamperfecta, porque NO LO ERA y NUNCA LO SERÍA y eso ¡¡¡estaba bien!!!.

Cuando sabes quién eres, qué eres y te quieres de verdad. Da igual lo que los demás digan, o piensen de ti. Sigues siendo tú mismo, seguro de tus pasos y al final eso se ve por si solo, sin necesidad de hacer nada. Y si alguien no lo ve, no debe importarte, porque tu sabes tu verdad, y con eso basta.

Yo misma me preguntaba ¿Y qué sacas de toda esta reflexión? Y sin darme cuenta me vi respondiendo en voz alta como si hablara con ella de nuevo.  “Pues que me doy cuenta de que yo he sido la primera en no darme valor y en no respetarme.

Te acabas acostumbrando a ser algo, y no digo alguien, sino ALGO de poco valor y te parece normal que otros te traten de la misma manera en la que tú te ves. Te acabas convirtiendo en un objeto desechable de usar y tirar, sin un valor especial.

Su última frase antes de salir de su consulta fue “deberías pedirte perdón a ti misma”.
Pedirme perdón… perdón por haberme olvidado de mi valor y haberme visto a mí misma como un objeto desechable que cualquiera, incluso yo misma, podía usar y tirar. Así que, al llegar a casa, comencé a escribir en mi libreta aquellas cosas por las que me debía pedir perdón.

Una tras otra, iban saliendo de mi pluma sin dar espacio al descanso.

  • Me pido perdón por tener miedo de ser yo misma y no gustar.
  • Me pido perdón por buscar la aceptación de los demás haciendo cosas que no siempre me gustaban, o con las que no estaba de acuerdo.
  • Me pido perdón por no atreverme a mostrar mi malestar, o mi disconformidad ante palabras, hechos y gestos de aquellos que no me valoraban.
  • Me pido perdón por haber priorizado a aquellos para los que yo sólo soy una opción. Por haber dejado que me vapulearan, me machacaran, por no haberme defendido, por haber tirado la toalla conmigo misma y con mi vida, por haber dejado mis sueños y mi vida en suspenso por los demás esperando una recompensa y un reconocimiento que jamás llegó y nunca llegará.
  • Me pido perdón por insistir en esa actitud una vez tras otra esperando que vean que no soy mala, que no soy ese monstruo y ese cáncer que dicen que soy,.
  • Me pido perdón porque me influye lo que aquellos que no han demostrado quererme ni valorarme, puedan pensar de mí.
  • Me pido perdón por insistir en cambiar su visión sobre mí, por intentar convencerlos a través de mis actos, de lo que es correcto y de quién soy, cuando en el fondo les da igual.
  • Me pido perdón por tratar de importarles y de que me quieran.
  • Me pido perdón por haberme dejado tomar el pelo, por no respetarme a mí misma exigiendo que otros me respetaran. Si yo no me doy valor, si no me respeto, otros no lo harán jamás.
  • Me pido perdón por haber sido cobarde en ocasiones y no haberme atrevido a defender mis creencias, generalmente por miedo a que se me echaran encima.
  • Me pido perdón por no haber sabido decir NO a tiempo, ni de la manera correcta. Me pido perdón por haberme dejado engañar una vez tras otra, por haberme engañado a mí misma creyendo las palabras que intuía que no eran ciertas.
  • Me pido perdón por haberme dejado tratar mal, por haberme olvidado de mí misma y no haber creído en mí, mis capacidades, ni mi intelecto.
  • Me pido perdón por no haber sido yo y tatar de encajar en un entorno en el que yo era la diferente.
  • Me pido perdón por tratar de ser quien no soy por gustar y agradar, por no enfadar, por no molestar, e incomodar.
  • Me pido perdón por hacer las cosas que otros esperan de mí y ser quienes otros creen que debo ser. Yo soy yo, y eso está más que bien. Me doy cuenta, ahora más que nunca, o quizá por primera vez, de que excuso, aparto y dejo a un lado las ofensas que me hacen determinadas personas, llegando a actuar como si nunca hubieran ocurrido. Y lo peor de todo es que lo he hecho una vez tras otra durante demasiado tiempo hasta llegar a normalizarlo. De manera que, viéndolo desde fuera, si se tratara de otra persona y no de mí, le diría que se está dejando maltratar, pisotear, engañar y utilizar.  Yo me he dejado y me dejo utilizar por miedo a no ser suficientemente buena para algunas personas de mi entorno.
  • Me pido perdón por eso también. Porque ahora sé que yo valgo, sé quién soy y me empezará a dar igual lo que los demás esperen de mí.”

 

La aventura de tu vida empieza por un amor incondicional hacia ti mismo. Amarse pasa ante todo, por la aceptación de lo que somos; con nuestros errores y nuestros éxitos, nuestras luces y nuestras sombras. El mayor enemigo para ello es no entender que nuestro valor personal va más allá del reconocimiento de los demás.




La gran mentira del ¡SÍ quieres… puedes!

¿Podemos conseguir todo lo que queramos?

En nuestra sociedad parece que el efecto “Mr Wonderfull” ha traslado la concepción de que podemos conseguir todo lo que queramos sólo deseándolo en base a una idílica e irreal actitud ultra-positiva.

“Me gusta decir que a estas alturas de la vida por mucho que quisiera no sería portada de Vogue ni cantante de ópera, pero si puedo seguir trabajando día a día en ser la mejor versión de mi misma.”

Para entender el talento (que todos tenemos dentro y si no sabes cual es el tuyo deberías descubrirlo) hay que hacerlo desde unas aptitudes y destrezas que podemos entrenar para desarrollarlo.

Pero de nada sirve este talento sin la actitud necesaria que está en la inter- relación entre la gestión emocional y nuestro temperamento. Tal y como expresa el gráfico nuestra mejor versión no depende sólo de lo que queremos y por ello debemos diferenciar entre las capacidades y las actuaciones/compromiso. Siendo estas últimas las que hablan de como respondemos ante la realidad en línea con nuestras acciones y motivaciones .

Lo que si creo es que la actitud influye de manera muy positiva en nuestro talento y se trata de un potenciador del mismo. A este respecto debemos plantearnos que peso tienen las circunstancias sobre nosotros y el poder que le damos a todo lo demás frente a lo que hacemos.

En este sentido tiene especial interés la regla 90/10 de Stephen Covey. El 10% de la vida está relacionado con lo que nos pasa, y el 90% de la vida está relacionado con la forma en cómo reaccionamos en definitiva nuestra actitud.

Esto quiere decir que no tenemos control sobre el 10% de lo que nos sucede pero si sobre el resto en función de como reaccionamos ante ello, el manejo de nuestro estrés y la gestión emocional que hacemos.

“En definitiva, el 90% es el resultado de nuestros reacciones y actitudes donde el quiero toma mucho peso en los resultados”.

Para ello Covey pone el siguiente ejemplo:

Un día cualquiera no te suena el despertador y te levantas tarde bajas corriendo a desayunar con tu familia.

Tu hija sin querer te tira la taza de café justo sobre tu camisa. Te pones de pie de inmediato y le gritas, diciéndole que es una torpe. Le reprochas a tu mujer por haber puesto la taza muy cerca del borde de la mesa. Corres al dormitorio para cambiarte de ropa y, al volver tu hija está llorando, no ha terminado su desayuno, ni ha preparado su mochila para ir al colegio.

Como resultado, ella pierde la ruta del colegio. Tu mujer se tiene que ir al trabajo corriendo y tú tienes que llevarla a clase. Como llegas tarde, vas muy rápido, infringiendo las reglas de tráfico. Llegas tarde al trabajo, te das cuenta de que olvidaste unos papeles importantes en casa. Tu día empezó fatal y sigue peor. Al volver a casa, ves que tu mujer y tu hija están de mal humor.

¿Por qué?

1. ¿El despertador lo causó?
2. ¿El café lo causó?
3. ¿Tu hija lo causó?
4. ¿Tú lo causaste?

La respuesta adecuada es la 4 y es la única que dependía de tu actitud. Ciertamente, tú no tenías control sobre el hecho de que ni sonara el despertador ni sobre lo que pasó con el café. Fue la forma en cómo reaccionaste esos 5 segundos lo que determinó el cauce de tu mal día.

Vamos a ver que podría a ver sucedido.

El despertador no te suena tampoco y bajas corriendo a desayunar. Tu hija te vuelve a tirar el café y está a punto de llorar. Entonces le dices: “no te preocupes, cariño, sólo necesitas tener más cuidado la próxima vez”.

Después de ponerte una camisa limpia y coger tu maletín, regresas al comedor, miras a través de la ventana y ves a tu hija cogiendo el autobús escolar y te dice adiós con la mano.

¿Notas la diferencia? Dos escenarios diferentes. Ambos empezaron igual.
Ambos terminaron diferentes.




El estigma profesional de un padre corresponsable

Soy una firme defensora de la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer como la base de una sociedad avanzada y justa. Para ello, en muchas ocasiones se habla de la necesidad de la paternidad corresponsable, pero siguen existiendo a día de hoy muchos lastres culturales y sociales que lo impiden.

Estos lastres parten desde el propio lenguaje que por ejemplo utilizamos la mujeres para decir frases como “Mi marido me ayuda mucho con los niños o con la casa…” en vez de “Mi marido colabora porque es corresponsable”.

Pero, existe una lacra de la que poco se habla y que es cada vez más común y afecta a aquellos que piden la baja de paternidad y que trabajan por conciliar con su vida profesional. A estos hombres en muchas ocasiones se les estigmatiza y penaliza en las estructuras ya que “como no han estado embarazados ni han tenido el parto no tienen que dejar de ir a su trabajo”. Uno de esos casos es el de este padre un gran profesional que ha visto como teniendo un cargo directivo la paternidad ha hecho que se le penalice profesionalmente llegando a verse afectada su propia estima.

 

Difícilmente podría haber escrito lo que voy a escribir a continuación si antes no hubiese acudido a las sesiones de Coaching del Gabinete Sophya.

            Para muchos, mi vida podría ser objeto de envidia, soy socio de un importante despacho de abogados de un sector muy específico teniendo a mi cargo a más de 25 abogados, y tengo una mujer maravillosa y unas hijas estupendas.

Sin embargo, lo que debería ser una vida feliz, no lo era por los muchos complejos y dudas internas que tenía y,  que a la postre han sido la fuente de mis problemas.

Dentro de mis complejos, la inseguridad ha sido y es mi talón de Aquiles, afectando tanto a mi esfera profesional como personal, lo que me producía un efecto “bicho-bola” no haciendo frente de manera directa a los mismos y esperando a que pasase la tempestad, con la correspondiente olla a presión interna.

Mi inseguridad, me ha producido a lo largo de los años un complejo de inferioridad y miedo que ha sido uno de los hándicaps más importantes a los que me he tenido que enfrentar y  ha tenido efectos muy negativos en todas mis esferas.

Pues bien, como suele pasar, llega un momento en el que uno no puede o no saber dirigir esos complejos y la famosa “olla” acaba explotando, con las consiguientes repercusiones en las distintas esferas de la vida.

Justo en ese momento, acepté la recomendación de Sara Pérez Tomé y me embarqué en un proceso de coaching dirigido por la coach Sara Molina.

            Cuando escuché la palabra coach y proceso de coaching, no puedo por más que reconocer que me asaltaron las dudas sobre su fiabilidad y, personalmente en mi caso, de si iba o no a servir para algo.

            Pues bien, lo que empezó con cierto escepticismo se convirtió en un convencimiento pleno del acierto  al embarcarme en dicho proceso.

            Así, poco a poco, he aprendido a conocerme a mí  mismo, lo que ha sido la piedra angular para poder aprender a instaurar medidas para reducir mis defectos y potenciar mis virtudes.

 No conseguía conocer la causa de mis miedos y complejos, lo que me imposibilitaba, la superación de las distintas situaciones derivadas de esta falta de confianza en mí mismo y los complejos  pre-existentes.

Una vez conocidas las causas, he ido aprendiendo a fijar estrategias para afrontar las distintas situaciones en las que me puedo enfrentar cuando aflore esa inseguridad y esos complejos.

El estar aprendiendo a conocerme a mí mismo,  tanto respecto en mi forma de aprendizaje como en mis puntos fuertes y débiles, ahora me permite hacer análisis pausados y objetivos de las situaciones, y lo que es más importante, he aprendido a saber cómo conocerlos y superarlos.

En mi vida diaria  he conseguido controlar y superar una situación grave que, antes jamás hubiese podido saber manejarla y ahora soy capaz de plantearme planes, alcanzar objetivos y controlar tiempos para superar cada adversidad.

De esta experiencia lo que me llevo es el éxito de haber emprendido el curso de coaching, pero en lo que realmente más me ha ayudado es en mi relación con los demás, y muy en especial con mi mujer, por su puesto conmigo mismo, lo que me está ayudando a disfrutar de las cosas verdaderamente importantes de la vida.

Cambiar tu expresión de una persona amargada y triste, a una persona vital y positiva, es algo que nunca podría pensar que un proceso de coaching iba a conseguir en mi.

Muchas gracias a Sara por sus métodos y por su empatía en conseguir sacarme de mi cueva, la verdad es que ha superado con creces mis expectativas iniciales.

Creo que en este testimonio debo acabar dándole las gracias a mi mujer por empujarme a hacer un proceso de Coaching con Sophya porque me ha ayudado a sacar lo mejor de mí.

 

Me hizo mucha ilusión, cuando me escribiste tu testimonio sobre el proceso  Coaching que  hemos vivido juntos.

Muchas gracias por permitirme hacerlo público para que pueda inspirar y servir de pequeño ejemplo para  todos aquellos que se sientan en una situación similar.

Tu humildad y sinceridad hace mas valioso tu testimonio de crecimiento personal y profesional.

Ojalá muchas personas sigan tu ejemplo trabajando por una corresponsabilidad  y paternidad auténtica.

Gracias de corazón

Sara Molina




¿Es malo sentir miedo?

“El miedo se fermenta en el cerebro y se manifiesta en nuestro cuerpo a través del corazón, porque es una emoción que tiene mucho que ver con nuestra imaginación”

 

Desde el punto de vista semántico la RAE define el miedo como:
• Una angustia por un riesgo o daño real o imaginario.
• Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Y a nivel fisiológico, el centro vital de donde nace la sensación de miedo está en nuestro cerebro límbico, ya que es aquí donde se guardan todos nuestros recuerdos y emociones se visibiliza a través de cambios y reacciones visibles e invisibles que se proyectan a través de nuestro cuerpo tales como temblores, palpitaciones y sudores, nudo en la garganta o en el estomago, dolores tensionales… y es entonces cuando nuestro cuerpo reacciona paralizándose o protegiéndose de la sensación de miedo.

Una experiencia personal produce una experiencia emocional que si se repite dicha circunstancia es entonces cuando se desarrolla un aprendizaje interno que produce automáticamente una reacción vital similar de cada vez.

Cada vez que se repite la misma experiencia, nuestro cerebro ha aprendido a reaccionar de una determinada forma de sentir lo que llamamos sensación de miedo y que llevado al extremo puede hacerte “entrar en pánico”

Si esa reacción de miedo nos bloqueara, el miedo pasaría a ser “nuestro peor enemigo” y si esa reacción de miedo nos hace buscar activamente una solución, entonces el miedo se convertirá en “nuestro mejor amigo”.

Gracias al miedo activo podemos salvar nuestra vida o la de otros. Mientras que el miedo que nos atenaza, pone en serio peligro nuestra vida o la de otro hasta poder perderla por falta de una reacción inteligente.

Desde nuestro cerebro no solo se gestiona el miedo sino también el amor, la rabia, la tristeza… y cualquier otra emoción que afecte a nuestro equilibrio afectivo.

Todas las experiencias vitales aprehendidas están registradas y guardadas en nuestra amígdala, es nuestra “big data emocional”. La amígdala en el gran servidor de almacenamiento de todos los datos que nos van produciendo las distintas emociones.

“Puede haber tantos miedos como experiencias mal gestionada de situaciones no deseadas o sobrevenidas”.

El miedo no solo se experimenta hacia personas, sino también hacia potenciales situaciones de fracaso personal como puede ser suspender un examen, perder un trabajo, perder a tu familia, perder la salud o algo valioso…

El cerebro analiza los datos y te hace ponerte en alerta para entonces sentir la emoción del miedo. De cómo nos enfrentemos al estrés que produce el miedo, podremos estar ante un aviso muy positivo de poder cambiar nuestro futuro más inmediato.

Los adolescentes emprenden acciones de altísimo riesgo sin tenerle “respeto al miedo” que puedan sufrir, ya que sentir miedo es parte de su juego perverso adolescente y es por eso que el mundo adolescente se convierte en una población en riesgo por su falta de conciencia racional a “la sensación de miedo”.

También hay adultos que buscan experiencias de alto riesgo para “auto-probarse” en su sensación de miedo, a través del deporte o de inversiones empresariales o bursátiles. Incluso hay personas con hipersensibilidad al miedo que les desencadenan “fobias” de todo tipo, que les aíslan del entorno social con graves limitaciones relacionales.

Definitivamente tenemos que conseguir educar a nuestro cerebro para que con los archivos que tenga almacenados de nuestras experiencias, podamos ser siempre dueños de nuestra vida. Solo desde la valentía de enfrentarnos al miedo y respetarlo podremos hacer del miedo la llave para superarnos a nosotros mismos.




Mujer orquesta, mujer sin alma (sic)

“La mujer orquesta es la que cuida, pero no se cuida”

Durante siglos educaron a la mujer para que hiciera igual que lo que hacía su madre y lo hacía su abuela. La enseñaron a cuidar a los demás tan perfectamente que ella llegara de manera natural a”ser invisible” y así no entorpecer su propia dedicación a los demás.

En determinados momentos si es necesario también ella misma tiene que saber  auto-posicionarse como  “la ultima de la fila” para que su función de servidora sea mas ágil, a pesar de sentirse en cierta medida culpable de no poder hacer más, también estar estaba siendo “un poco egoísta” por no llegar a todo…

En esta actitud de total disponibilidad es inevitable que le impida tener tiempo para sí misma, y  sin embargo debe saber desempeñar cualquier tipo de trabajo que le facilite la vida a los demás como una auténtica experta.

Creo que durante generaciones y generaciones en las familias se le ha exigido solo a la mujer ser una auténtica “mujer orquesta”, de tal forma que para muchas mujeres este tipo de rol de total disponibilidad y perfección no solo ha sido motivo de orgullo, sino peor el único motivo que le daba sentido a su vida.

“El corazón de las mujeres está tocado por una amalgama de afectos y presiones que las agotan” Dr. José Zamorano, Cardiólogo.

Hay todo un conjunto de factores ambientales, culturales, familiares, emocionales que hace que querer ser “mujer orquesta” es conseguir hacerte importante e imprescindible para los demás aunque sea a costa de sí misma. 

Detrás de esta tendencia histórico-cultural excesiva de cómo cuidar a los demás y no cuidarse bien así misma, esta en como ha sido educada la mujer desde su infancia en el valor de la feminidad y la maternidad, donde no se le ha dado el necesario valor equidistante y complementario  con la masculinidad y la paternidad.

Que el embarazo y la lactancia sean exclusivos de la mujer no deben limitarla de por vida a tener que cuidar a los demás de por vida a los demás, sin tener que dejar de cuidarse a sí misma de manera equilibrada y constante.

 Si las mujeres desde que son niñas hasta su adolescencia han recibido casi en exclusiva cariño, apoyo, consejos y asesoramiento de su madre y su padre ha estado bastante ausente o muy lejano, entonces la niña ya hecha mujer, solo ve que tiene que tomar el testigo femenino de la madre para suplirla en todo  sin mas aditivos afectivos por parte de su padre que no estuvo formando parte de su infancia.

  • La ausencia real de la figura del padre en parte del desarrollo afectivo de una hija, puede generar muchas más carencias de lo que parece en el rol del auto-cuidado de la futura mujer y potencial madre de familia.
  • Sin la presencia activa de su padre no se termina de realizar su YO, y no ve la necesidad de despegarse de su madre ya que al no tener el referente de su padre le falta poner en valor otra parte fundamental del desarrollo de su YO.

Cuando una persona no se desarrolla afectivamente de manera completa, te vuelves más frágil en algún área de tu vida y puede tu autoestima verse afectada de tal manera que intentas suplir tus vacíos pensando que los demás te necesitan más de lo que realmente te necesitan pero esa sensación te calma la ansiedad haciéndote imprescindible y pensando que en cierta manera si ayudas a los demás,  su vida está bajo tu control y eres a la vez mas poderosa y  un poco mas dueña de ti misma.

“Todo un espejismo de debilidades y carencias disfrazadas de servicios”

Tus dotes de valer para todo y hacerlo todo bien a la vista de los demás, estan buscando recibir elogios que te hacen sentirte útil aunque por dentro te consideres “vacía y tomada el pelo…”.

Si te sientes así, piensa que entonces algo pasa con tu vida:

  • Si dejas tus necesidades para el final
  • Si dedicas excesivo tiempo a los demás.
  • Si eres incapaz de decir NO a los deseos de los demás.
  • Si te angustia separarte de tu madre.
  • Si eres incapaz de estar sola con tus pensamientos.
  • Si te avergüenza priorizar tiempo para ti.

Si la falta de empoderamiento natural como mujer te impide no solo cuidarte sino también ser feliz, ya estás llegando tarde a ponerte en marcha. 

Las madres que se apoyan demasiado en sus hijas para resolver sus conflictos de identidad personal, los padres que se mantienen ausentes y dejan a las madres para que eduquen solas a sus hijas, ambos estarán fomentando de manera inconsciente futuras “mujeres orquesta sin alma” que no saben cuidarse individualmente, y que necesariamente terminaran sintiéndose culpables sino no mueren así mismas por los demás.

“Las mujeres orquesta y sin alma, necesitarían no hacer incompatible su propia identidad femenina con el derecho a saber cuidarse y atenderse aunque quieran cuidar a los demás con alma de mujer pero no haciéndolo a costa de su propia alma de mujer.




Tus vestidos huelen a tí

CON MIS VESTIDOS QUIERO SER

CADA VEZ MÁS YO

La moda lleva muchos años siendo altamente agresiva con la mujer y de cómo se la percibe a través de las últimas tendencias de la moda de cada temporada.

Hay modas que no solo han dañado el cuerpo de las mujeres, creándoles la necesidad envenenada de innecesarias cirugías estéticas o dietas que no paran hasta termina por convertirlas en esqueletos ambulantes hasta llegar a poner en riesgo sus vidas, e incluso poder llegar a robarles su alma femenina, que es la parte más invisibles pero más poderosa que tiene la mujer para hacerla bella.

“Una mujer no vale por su figura, ni por la ropa que se viste, sino tiene que ser vista a través de sus ojos, porque son la puerta de su alma que es donde habita el amor” Audrey Hepburn.

Muchas de las modelos y las celebrities que mas triunfan entre las generaciones jóvenes dentro del mundo de la moda, del cine o de la música resultan ser a muy corto plazo, mujeres que en sus declaraciones sobre su vida privada desprenden “un aroma muy personal…” demasiado poco familiar, sano o saludable. (Kate Moss, Britney Spears, Miley Cyrus…) estos ejemplos de éxito dentro de la moda no hacen más que contaminar emocionalmente a la gente joven y menos joven de lo que en realidad  no debiera ser un modelo social ya que resulta ser con su estilo de vida más un modelo anti-persona que un modelo estético de persona a la moda.

Los vídeos promocionales de música, moda o series más visitados y más premiados proponen a un modelo de mujer joven que detrás de su ropa/no ropa y al ritmo de una música solo se deja ver un cuerpo muy sensual pero que transpira vaciedad, y que deja muy poco buen aroma a diseño, arte y persona detrás de cada mujer vestida según la tendencia del momento.

La moda tiene una parte de efímera y caduca y otra de novedosa y moderna pero en realidad la moda va y viene desde hace siglos, se van intercambiando texturas y colores con diseños pero la moda es cíclica.

“Lo que hoy nos parece novedoso ya estuvo antes de moda y luego pasó y así sucesivamente…”

Si ponemos las novedades de cada estación del año en su lugar y no nos dejamos arrastrar por el marketing de cada temporada seremos capaces de vivir la verdadera experiencia personal de vestirnos a través de nuestras emociones y sentimientos teniendo claro que con mis vestidos quiero ser cada vez más YO y no parecer cada vez menos YO , solo por caer en la frágil frivolidad de vestir como me quieran ver los otros porque  YO no soy capaz de encontrarme a mí misma, y les entrego a los demás el poder sobre el derecho a mi imagen y mi persona.

La mujer tiene que conseguir que la moda no esté limitada solo a:

  • Nuestra capacidad económica.
  • Nuestro estilo de vida.
  • Nuestra clase social.
  • Nuestro puntito de creatividad.

Hay que dar un paso al frente y convertir la moda en la mejor respuesta que yo puedo darme a mi misma, hasta convertir mi concepto de ir a la moda en una forma de entenderme cada vez que me visto.

Tu armario con sus perchas y sus cajones deben estar llenos de “vestidos que huelan a ti” y podrás decir con orgullo que tu vistes de  “alta costura emocional” porque todos ellos son como la segunda piel de tu alma y nunca vas a querer un armario lleno de  vestidos “Pret a Porter de lo que se lleva”.

Si tus vestidos te hacen daño a tu segunda piel, desproteges tu alma porque con tu forma de vestir puedes estar contradiciéndote en tus principios y valores  tales como la igualdad, la sexualidad, la estética, el medio ambiente, tu intimidad

Todos tenemos un aroma especial,  si tú y tus vestidos huelen a ti, no vacíes con tu forma de vestir el buen olor que tu alma es capaz de transmitir a cualquiera que te conozca y quiera estar a tu lado.   NO te olvides, siempre seras mas feliz si tus vestidos SIEMPRE huelan a ti.

“La elegancia social no siempre está unida a la elegancia moral y a la felicidad”