Educar a nuestro hijo mediano (III/IV)

Ser el  hijo mediano de una familia puede significar  que tu hijo sea el benjamín de dos, o el segundo de tres y o también que sea el mediano una serie de varios hermanos.

Cualquiera de estas posiciones le puede condicionar su futuro según como sea su personalidad, como se configure su carácter y como le percibamos nosotros como  padres y el resto de personas que le acompañen durante su vida pero principalmente en su infancia.

También hay  que tener en cuenta el sexo de nuestro hijo mediano en relación con el mayor o el resto de sus hermanos, porque no es lo mismo que con se haya completado la deseada “la parejita”, o ser el único varón o la única chica de una serie de hermanos donde todos son chicos o chicas. Si eres el único en cuanto al genero entre otros hermanos puedes llegar a crecer sin compartir juegos y experiencias entre iguales de tu sexo contrario entre tus propios herman@s pudiendo producirse efectos curiosos como el de salir  una niña muy “machote” o un niño muy “aniñado”, ya que el entorno y la educación recibida durante la infancia hace muchísimo. De ahí la importancia de la cercanía de la figura de los dos padres para matizar las carencias naturales que puedan surgir entre los hermanos.

Una de las pautas mas importantes para educar hijos y no clones es la de:

  • NUNCA, NUNCA comparar un hermano con otro, ni  para ensalzarle ni para desprestigiarle. Las comparaciones no deben ser ni físicas ni intelectuales ni afectivas.
  • RESPETAR la personalidad y carácter propio de cada hijo y con los años también su libertad de actuación porque lo normal es que puede ser diferente o contrario en su forma de vivir o de actuar a la de otro hermano, y eso no quiere decir que sea o vaya a ser mejor o peor…

Cada hijo es nuestro hijo único aunque sea el segundo… ó el séptimo,

importa la persona NO su lugar dentro de la familia

Ser el segundo/mediano no debe ser sinónimo de ser el  segundón/mediocre de la casa, donde hay un hermano más mayor o más pequeño le oculta sistemáticamente sus actuaciones.

Educar a nuestro hijo mediano también es nuestra primera puesta en escena como padres para saber educar a nuestros hijos como hermanos entre si. Debemos saber fomentarles los sentimientos fraternales básicos para llegar a poder desarrollar el amor entre iguales propio de los hermanos.

Solo hay dos amores entre iguales propios del amor humano entre dos:

-EL AMOR ENTRE HERMANOS-

-EL AMOR EN PAREJA-

El amor entre iguales solo es posible vivirlo por amor. El amor hay que alimentarlo de confianza y respeto por el otr@ y en cada uno de tus hijos sin distinción de sexo, inteligencia, belleza, ni el lugar que ocupe en tu familia.

 

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3 Respuestas

  1. ana

    Estoy totalmente de acuerdo contigo , cada uno de nuestros hijos son especiales, no se pueden comparar porque son muy distintos, . Hablas del lugar que ocupa cada uno de ellos en la familia y me pregunto si ese lugar da un poquito , sólo un poquito de distinción , cada uno tiene un rol y unas características por el lugar en la familia , ellos mismos , algunas veces las asimilan sin dificultad por las necesidades de la familia.

    Ojala todos pensásemos que cada hijo de una misma familia es como si fuese ÚNICO.

    Gracias

  2. David del Fresno

    Muchas gracias, Sara. Me ha hecho pensar, y caer en la cuenta.

  3. Sara Pérez-Tome Mar

    Os envío un texto que un seguidor del blog de Sophya me ha enviado y es otra perspectiva sobre el hijo mediano visto desde la perspectiva de ser el segundo hijo. Espero que os guste.

    EL SEGUNDO HIJO

    El “segundo” nos encuentra menos prolijas y obsesivas…
    Se aguanta más tiempo con el pañal mojado.
    Come chocolate antes del año.
    … No sabe de rutinas ni de horarios fijos.

    El “segundo” debe soportar bastante menos nuestros temores e inseguridades…
    No corremos a la guardia por una simple fiebre.
    Duerme desde que tiene un mes en su habitación.
    No necesita ni adaptación en el jardín.

    El “segundo” aprende a la fuerza el significado del verbo compartir…
    Anda muchas veces con ropa heredada.
    Casi nunca sale solito en una foto.
    Aguanta estoicamente caricias violentas y besos pegajosos de su hermano.

    Y lo más importante: el “segundo” corrobora lo que ya sospechábamos (a pesar del inmenso miedo)… que es posible enamorarse de otro hijo, con la misma pasión e intensidad
    Mar.

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